Una de las prácticas malas más habituales en Mac OS X es la de creer que eliminando una aplicación la desinstalamos, pero lo cierto es que dejamos un rastro espectacular de archivos, configuraciones y helpers.
Para librarnos de ellos lo mejor es utilizar una aplicación para desinstalar completamente las apps. En el lado gratuito tenemos varias, pero si queremos ir un poco más allá tenemos opciones de pago interesantes como AppDelete.
AppDelete funciona de forma sencilla: le arrastramos las aplicaciones y las desinstalará, pudiendo deshacer las acciones si nos hemos equivocado.
Personalmente yo sigo con AppCleaner, no creo que las funcionalidades de AppDelete justifiquen el precio.
Enlace | AppDelete



