La escalada del precio de la memoria está golpeando de lleno a la estrategia de Apple. Lo que hace unos años era un componente más dentro del coste total de un iPhone o un Mac, hoy se ha convertido en uno de los factores que más pesan en la factura de fabricación de la compañía, con efectos directos sobre su catálogo y, previsiblemente, sobre lo que pagan los usuarios.
La llamada “crisis de la DRAM” y el encarecimiento de la memoria flash NAND han coincidido con el auge de la inteligencia artificial, un cóctel que ha disparado la demanda de chips de memoria de alto rendimiento. En este contexto, Apple se ve obligada a lidiar con costes de memoria cada vez más elevados, mientras decide hasta qué punto absorber parte de ese sobrecoste o trasladarlo a los precios finales de productos tan populares como el iPhone, el Mac mini o el Mac Studio.
La memoria, camino de ser casi la mitad del coste de un iPhone
Los datos que manejan los analistas apuntan a un cambio radical en el peso de la memoria dentro del coste de producción de los iPhone. Un informe citado por el Financial Times y basado en estimaciones de JPMorgan señala que, para 2027, la memoria (RAM y NAND) podría llegar a representar alrededor del 45% de los costes de fabricación de un iPhone.
Para hacerse una idea de la magnitud del cambio, basta con mirar a generaciones recientes. En 2024, los análisis de la lista de materiales de modelos como el iPhone 15 Pro Max y el iPhone 16 Pro Max situaban la memoria RAM y el almacenamiento flash en torno a solo un 7% del coste total de producción. Es decir, en apenas unos años, este componente pasaría de tener un papel relativamente secundario a comerse casi la mitad del presupuesto de fabricación por unidad.
Las cifras desglosadas muestran cómo se ha ido encareciendo cada pieza. Se calcula que Apple pagó alrededor de 17 dólares por 8 GB de RAM LPDDR5X en 2024 para estos modelos de gama alta, mientras que el precio de referencia para 256 GB de memoria flash NAND rondaba los 22 dólares. Sumando ambas partidas, el coste de memoria por iPhone no superaba claramente los 40 dólares en esa generación.
Sin embargo, para el desarrollo del futuro iPhone 17 Pro ya se estima que la compañía estaría destinando aproximadamente un 10% del coste total de fabricación a RAM y almacenamiento, una proporción que podría seguir subiendo si no se frena la escalada de precios de la DRAM y la NAND. De confirmarse las proyecciones de JPMorgan, el coste de memoria y almacenamiento de un único iPhone podría pasar a superar los 250 dólares en cuestión de pocos años.
Este aumento tan brusco tiene implicaciones directas para Apple y, en última instancia, para los consumidores. El gran problema es que, en plena fiebre por la IA, la memoria que se produce se vende prácticamente sin dificultad, lo que reduce el margen de maniobra de Apple a la hora de negociar precios ventajosos con sus proveedores tradicionales, como Samsung o SK Hynix.
El impacto de la crisis de DRAM y NAND en la estrategia de precios

El contexto global es claro: los servidores de inteligencia artificial se están quedando con el trozo más grande del pastel de la producción de memoria. Compañías como OpenAI y otros grandes actores del sector necesitan enormes cantidades de DRAM y NAND para alimentar centros de datos cada vez más potentes. Ante la posibilidad de vender chips de memoria a márgenes muy altos para IA, los fabricantes priorizan ese segmento frente a la RAM y el almacenamiento para dispositivos de consumo.
Esta reasignación de capacidad productiva ha provocado una subida rápida y sostenida de los precios de la memoria desde el pasado otoño, y la sensación generalizada entre los analistas es que el pico aún está lejos. El sector del PC y la electrónica de consumo, tanto en Windows como en macOS, se encuentra atrapado entre la necesidad de seguir siendo competitivo en precio y la obligación de pagar más por componentes clave.
Apple no es una excepción. Durante una reciente presentación de resultados, el consejero delegado Tim Cook reconoció que, aunque el inventario acumulado había permitido hasta ahora evitar incrementos directos de precios para los usuarios finales, la compañía espera asumir “costes de memoria significativamente más altos” a partir del trimestre de junio. Es decir, la protección que ofrecían los contratos y el stock disponible empieza a agotarse.
Ante este escenario, Cook aseguró que Apple está “evaluando una serie de opciones” para mitigar el impacto. Entre las alternativas se encuentran desde cambios en la configuración base de ciertos productos, hasta ajustes más explícitos en las tarifas, pasando por la negociación de nuevos acuerdos de suministro a largo plazo o la reestructuración de la gama para favorecer modelos con mayor margen.
En paralelo, todo el sector del hardware está notando el mismo apretón. Fabricantes como Dell, Lenovo o incluso proyectos más nicho como Framework ya han avisado de que las subidas en los costes de los componentes podrían traducirse en equipos más caros, y que los portátiles realmente económicos, tal y como los entendíamos hasta ahora, podrían volverse raros en el panorama de los próximos años, también en Europa.
Mac mini y Mac Studio: subida de precios y escasez como respuesta
Donde más explícito se ha visto el impacto de este encarecimiento de la memoria en el catálogo de Apple es en la línea de sobremesa compacto. La compañía ha tomado decisiones que, en la práctica, suponen una subida del precio de entrada al ecosistema macOS en escritorio, especialmente relevante para usuarios domésticos y profesionales con presupuesto ajustado en España y el resto de Europa.
Uno de los movimientos más llamativos ha sido el cambio en la configuración del Mac mini con chip M4. Sin previo aviso, Apple ha retirado de su tienda la opción de 256 GB de almacenamiento, que hasta ahora actuaba como puerta de entrada más económica a este sobremesa. No se trata de un problema puntual de stock, sino de una reestructuración de la gama.
Antes de este ajuste, era posible acceder a un Mac mini básico desde unos 599 dólares (o libras, según el mercado europeo), con 8 GB o 16 GB de memoria unificada y 256 GB de SSD como configuración mínima de almacenamiento. Con la eliminación de esa versión, el modelo de entrada pasa a ofrecer 16 GB de memoria unificada y 512 GB de SSD, pero el precio base se sitúa ahora en 799 dólares.
En la práctica, esto significa que los usuarios obtienen el doble de almacenamiento, pero también se ven obligados a asumir 200 dólares más de coste inicial. La decisión encaja con la estrategia de proteger márgenes en un contexto en el que la memoria NAND y la DRAM son considerablemente más caras, a la vez que se empuja al comprador a opciones con más capacidad, normalmente asociadas a un beneficio mayor para la compañía.
Esta táctica no es nueva dentro del catálogo de Apple. En otras ocasiones, como con el Mac Studio, ya se han recortado o ajustado determinadas configuraciones de capacidad, generalmente las más asequibles, para sencillamente dejar fuera de juego las opciones de entrada más baratas y concentrar las ventas en modelos de gama media y alta.
Además, el propio Tim Cook ha admitido que la demanda tanto del Mac mini como del Mac Studio ha superado las previsiones de la compañía, lo que ha tensado aún más una cadena de suministro ya de por sí complicada por la escasez de memoria. El resultado es que algunos modelos de sobremesa se han vuelto difíciles de encontrar o directamente han desaparecido de la web de Apple en determinadas configuraciones.
Escasez y tiempos de espera: el otro efecto del encarecimiento de la memoria
La combinación de una demanda inesperadamente alta de ordenadores Mac, alimentada en parte por su uso para tareas de inteligencia artificial, y la crisis de la memoria está provocando que, en algunos mercados, el Mac mini básico figure como “no disponible” en la tienda online de Apple. Algo parecido ocurre con determinadas versiones del Mac Studio, especialmente aquellas con capacidades de memoria más elevadas.
En particular, se ha señalado que Apple ha dejado de ofrecer ciertas configuraciones de Mac Studio que partían de capacidades relativamente contenidas, mientras los modelos más potentes se mantienen con plazos de entrega prolongados. El mensaje implícito es que, si alguien necesita un equipo de sobremesa de alto rendimiento para trabajar con IA o tareas intensivas, tendrá que armarse de paciencia y prepararse para posibles incrementos de precio.
Desde Cupertino se insiste en que el desfase entre oferta y demanda todavía tardará “varios meses” en corregirse, una expresión que en la práctica puede traducirse en buena parte del año con escasez intermitente, sobre todo en las configuraciones más atractivas en relación potencia/precio. Esto afecta tanto a usuarios profesionales como a particulares que, en mercados como el español, suelen esperar a momentos concretos de rebajas o campañas para renovar su equipo.
Mientras tanto, el mercado europeo observa con atención los movimientos de Apple. La combinación de subidas de costes de componentes, inflación acumulada en los últimos años y un contexto económico más ajustado para muchos hogares hace que cualquier incremento de precio en productos clave como el iPhone o el Mac mini tenga un impacto directo en la decisión de compra. No solo se trata de si un modelo es más caro, sino también de si el escalón de entrada al ecosistema sube uno o dos peldaños de golpe.
Aunque por ahora Apple ha evitado hacer anuncios directos de subida generalizada de precios para consumidores en Europa, los cambios silenciosos en el catálogo y las declaraciones de su CEO apuntan a una etapa en la que la memoria será un factor determinante tanto en la configuración de los productos como en su coste final.
Todo apunta a que la evolución del mercado de memoria, muy condicionada por la carrera por la inteligencia artificial, seguirá marcando el paso en los próximos años. Si las previsiones se cumplen y la memoria llega a representar cerca de la mitad del coste de fabricar un iPhone, y sigue presionando los márgenes de equipos como el Mac mini y el Mac Studio, los usuarios en España y el resto de Europa se encontrarán con dispositivos cada vez más potentes, pero también potencialmente más caros y menos flexibles en opciones de almacenamiento. La capacidad de Apple para equilibrar esa ecuación entre costes, precios y valor percibido será clave para mantener su posición en un mercado donde, poco a poco, la memoria se ha convertido en la pieza más cara del puzle.