El MacBook Neo llegó al mercado con un máximo oficial de 512 GB de SSD y sin posibilidad de ampliación por parte del usuario, una decisión que muchos han criticado por dejar corta la capacidad de almacenamiento a medio plazo. Aun así, algunos técnicos especializados han decidido ir un paso más allá y demostrar que el límite impuesto por Apple no es realmente técnico, sino comercial.
En China, el conocido reparador DirectorFeng ha documentado cómo instala una SSD de 1 TB en el MacBook Neo sustituyendo directamente el chip NAND soldado en la placa. Este tipo de modificación, que ya se ha visto en otros equipos con chips Apple Silicon, abre la puerta a configuraciones no disponibles en la tienda oficial, aunque a costa de asumir riesgos elevados y decir adiós a la garantía.
Del MacBook Neo de 256 GB a un portátil con 1 TB de SSD

El trabajo parte de la versión más básica del MacBook Neo, equipada con 256 GB de almacenamiento. Oficialmente, el usuario solo puede dar el salto a 512 GB pagando un suplemento en el momento de la compra, lo que en Europa suele traducirse en alrededor de 100 euros de sobreprecio por duplicar el espacio. No existe, por ahora, opción directa a 1 TB desde la web de Apple.
Para saltarse esta limitación, el técnico no sustituye un módulo M.2 ni una unidad extraíble, porque en este portátil el SSD no viene en forma de tarjeta independiente. En su lugar, el almacenamiento del sistema se implementa como memoria NAND Flash soldada directamente a la placa lógica, en la misma zona donde se integra el chip Apple A18 Pro que da vida al equipo.
La operación arranca desmontando el portátil por completo hasta acceder a la placa. El acceso físico no es especialmente complicado y, de hecho, el Neo se ha ganado fama de uno de los Mac portátiles más fáciles de abrir y reparar, algo poco habitual en la gama de Apple de los últimos años. Aun así, el verdadero reto empieza cuando hay que trabajar sobre los componentes soldados.
El objetivo es retirar el chip NAND original de 256 GB y sustituirlo por otro de 1 TB, respetando la disposición de las pistas y sin dañar los elementos que lo rodean. Cualquier error en esa parte del proceso podría dejar la placa inutilizable.
Una intervención de microsoldadura solo apta para profesionales

Para extraer el chip de almacenamiento, el especialista recurre a herramientas de precisión como pistola de calor, pinzas técnicas y flux de soldadura. Con la ayuda de calor controlado, va ablandando el adhesivo BGA que fixa el módulo a la placa, mientras separa cuidadosamente el chip sin arrancar ninguna pista ni afectar a los componentes cercanos.
Una vez retirado el NAND de serie, se limpian las almohadillas de soldadura y restos de adhesivo para dejar la zona de trabajo lo más despejada posible. Este paso es clave para que el nuevo chip asiente bien y no se generen soldaduras frías o puentes indeseados que puedan provocar fallos intermitentes.
Con la superficie preparada, el técnico coloca el nuevo chip NAND de 1 TB alineado con precisión sobre los contactos. A partir de ahí, entra en juego la microsoldadura: se aplica calor y se trabaja sobre cada punto de soldadura con extremo cuidado hasta que el módulo queda firmemente fijado. Sin experiencia previa en este tipo de reparaciones, el riesgo de dañar la placa es muy alto.
Terminado el reemplazo físico, aún queda asegurar la estabilidad del montaje. Para ello se vuelve a utilizar adhesivo BGA sobre el nuevo chip NAND, con el fin de reducir tensiones mecánicas y proteger el componente frente a golpes o flexiones leves en el chasis durante el uso diario o el transporte.
Como paso complementario, la placa se introduce en un horno de reflow sometido a un ciclo de temperatura controlado. Este proceso ayuda a que la soldadura se asiente de manera uniforme y mejora la fiabilidad a largo plazo del nuevo módulo de almacenamiento.
macOS reconoce sin problemas el SSD de 1 TB

Con el trabajo de hardware completado, aún falta que el sistema operativo acepte la nueva configuración. Para ello, el MacBook Neo modificado se conecta a otro Mac mediante USB, utilizando las herramientas de recuperación que ofrece Apple para reinstalar macOS desde cero sobre el nuevo chip de 1 TB.
Tras la reinstalación, el sistema arranca con normalidad y macOS detecta sin errores una capacidad de alrededor de 994,61 GB disponibles. En la práctica, esto supone que el portátil dobla la máxima configuración oficial y pasa a ofrecer un espacio de trabajo mucho más cómodo para proyectos de vídeo, bibliotecas de fotos o grandes colecciones de documentos.
La lectura de los datos obtenidos por el técnico confirma que el firmware y el hardware del MacBook Neo están preparados para trabajar con capacidades superiores a las que Apple vende. Es decir, no existe una limitación estrictamente técnica que impida la llegada de un modelo de 1 TB; simplemente, el fabricante ha optado por no ofrecerlo de momento.
Esta ampliación de almacenamiento no altera la naturaleza del producto ni lo convierte en un portátil de gama alta. El equipo sigue contando con 8 GB de RAM y con el chip Apple A18 Pro heredado del iPhone, una combinación adecuada para tareas ofimáticas, navegación, multimedia y trabajos ligeros, pero que no está pensada para flujos de trabajo muy pesados.
Aun así, para muchos usuarios europeos que veían el MacBook Neo como el portátil «asequible» de Apple, disponer de 1 TB interno soluciona uno de los cuellos de botella más evidentes: el espacio disponible. Se reduce la necesidad de tirar de discos externos USB-C o nube para guardar archivos voluminosos, algo especialmente útil si se trabaja con el equipo fuera de casa con frecuencia.
Ligeras mejoras de velocidad y un coste que compite con la ampliación oficial
Además del aumento de capacidad, los test de rendimiento muestran una mejora moderada en las velocidades de lectura y escritura. Según las mediciones realizadas con Blackmagic Disk Speed Test, el modelo de 256 GB original se mueve en torno a los 1.500 MB/s, mientras que el nuevo chip de 1 TB alcanza aproximadamente los 1.600 MB/s.
La diferencia, aunque está ahí, no supone un salto radical en la experiencia cotidiana. Las aplicaciones se abrirán prácticamente igual de rápido y el sistema seguirá respondiendo con fluidez similar. Donde sí puede notarse algo más es en tareas intensivas como edición de vídeo, exportación de proyectos grandes o manejo de bibliotecas multimedia pesadas, en las que cada pequeño incremento de velocidad suma.
En cualquier caso, uno de los puntos que más llama la atención es el económico. Según el propio técnico, contratar un servicio de este tipo para alcanzar 1 TB puede resultar más interesante que pagar la ampliación oficial a 512 GB, siempre que existan talleres cualificados dispuestos a asumir el trabajo con garantías.
En países como España o en otros mercados europeos, el MacBook Neo base se sitúa en la franja de precios baja dentro del catálogo de Apple, lo que lo convierte en una opción atractiva para estudiantes, autónomos y usuarios que solo necesitan un portátil ligero para el día a día. En ese contexto, poder acceder a 1 TB interno a un coste razonable lo haría aún más competitivo frente a otras alternativas de Windows.
Eso sí, es importante recordar que al modificar la memoria NAND soldada se pierde automáticamente cualquier garantía oficial. Si la operación sale mal o aparece un fallo meses después relacionado con la placa, Apple puede negarse a reparar el equipo al haber sido manipulado por terceros fuera de su red autorizada.
Una opción real solo para talleres especializados, no para el usuario medio
Pese a que en vídeo pueda parecer un proceso relativamente asequible, estamos ante una intervención extremadamente delicada. El propio DirectorFeng insiste en que son necesarios años de experiencia en microsoldadura, junto a estaciones térmicas de alta precisión, hornos de reflow y un buen surtido de herramientas especializadas para minimizar riesgos.
Por este motivo, la mayoría de usuarios en España y Europa seguirá confiando en soluciones más conservadoras para ampliar el espacio del MacBook Neo: discos externos USB-C, unidades SSD portátiles de alta velocidad o almacenamiento en la nube. Son alternativas menos llamativas, pero mucho más seguras y compatibles con la garantía.
El modelo base del Neo, con sus 256 GB de SSD, puede ser suficiente para quien navega por Internet, trabaja con documentos y gestiona correo electrónico. Sin embargo, se queda corto para quienes se dedican a vídeo, fotografía o necesitan instalar muchas aplicaciones pesadas. Para esos perfiles, un 1 TB interno resuelve muchos quebraderos de cabeza, pero el camino para llegar hasta ahí no es precisamente sencillo.
Al margen de la modificación, el portátil mantiene sus mismas virtudes y sus mismos recortes para contener costes: buena autonomía, rendimiento solvente para tareas del día a día y un diseño pensado para ser más reparable de lo habitual en Apple, pero también teclado sin retroiluminación y puertos limitados, con uno de los USB-C funcionando a una velocidad más propia de USB 2.0 que de un equipo moderno.
La experiencia de este mod deja claro que el MacBook Neo tiene margen técnico para ir más allá de lo que Apple ofrece, al menos en lo relativo al almacenamiento interno. Para el usuario de a pie, sin embargo, lo más sensato seguirá siendo escoger bien la capacidad en el momento de la compra o combinar el equipo con soluciones externas, mientras que estas modificaciones quedarán en manos de unos pocos talleres especializados y entusiastas de la electrónica dispuestos a asumir el riesgo.