Cómo migrar de Windows a Mac sin perder archivos ni volverte loco

  • Preparar bien Windows y macOS (actualizaciones, red, discos) reduce fallos en la migración.
  • El Asistente de Migración de Apple es la vía más completa, combinable con discos externos y nube.
  • macOS cambia atajos, ventanas y forma de instalar apps, pero mantiene equivalentes a casi todo.
  • Revisar licencias, sincronización en la nube y estado de los discos evita pérdidas de datos inesperadas.

Migrar de Windows a Mac sin perder archivos

Dar el salto de un PC con Windows a un Mac ya no es esa odisea que era hace unos años, pero es normal que te preocupe qué va a pasar con tus documentos, fotos, correos y programas. La buena noticia es que puedes migrar de Windows a Mac sin perder archivos si preparas bien ambos equipos y eliges la herramienta adecuada, especialmente el Asistente de Migración de Apple.

Además del traslado de datos, también vas a notar muchos cambios en la forma de usar el sistema: atajos de teclado, ventanas, instalación de aplicaciones, uso de la nube… Entender esas diferencias entre Windows y macOS, y conocer métodos alternativos (discos externos, nubes, red local), hará que el cambio sea mucho más llevadero y que no dejes nada importante atrás.

Requisitos previos antes de migrar de Windows a Mac

Preparativos para migrar de Windows a Mac

Antes de ponerte a pasar datos como si no hubiera un mañana, conviene preparar un poco el terreno. Actualizar sistemas, revisar el estado de los discos y dejar ambos equipos en la misma red evita la mayoría de problemas que suelen aparecer en mitad de la transferencia.

Lo primero es tener el software al día en ambos lados. Actualiza Windows a la última versión disponible (Windows 10 u 11 con todos los parches) y haz lo mismo en tu Mac, subiendo a la versión más reciente de macOS compatible con tu modelo. Esto reduce errores, mejora la compatibilidad del Asistente de Migración y suele solucionar muchos fallos raros.

También es muy importante que cierres todo lo que sobre en el PC. Cierra las aplicaciones abiertas, detén tareas en segundo plano pesadas y desactiva temporalmente antivirus, cortafuegos y VPN tanto en Windows como en el Mac. Estos programas pueden bloquear la comunicación entre equipos o cortar la migración a mitad.

En cuanto a la conexión, lo ideal es que los dos ordenadores estén físicamente cerca, conectados a la misma red local y con Wi‑Fi activo. Si puedes usar un cable Ethernet entre ambos equipos, o al menos conectarlos al mismo router por cable, ganarás en estabilidad y velocidad. El Wi‑Fi sirve, pero con muchos datos la diferencia se nota.

En los Mac con macOS Ventura 13 o anterior, es especialmente recomendable. Si tu Mac es algo más antiguo, conecta Mac y PC a la misma red o enlázalos directamente con un cable Ethernet. Evitarás cortes y aceleras mucho la transferencia, sobre todo si tienes bibliotecas enormes de fotos o vídeo.

Por último, si vas a usar el Asistente de Migración de Windows, necesitas descargar la versión correcta. Apple ofrece distintas versiones del Asistente de Migración de Windows según el macOS de destino; descárgalo siempre desde la web oficial de Apple para asegurarte de que es compatible con tu máquina.

Comprobar el disco de Windows para no perder archivos

Revisar disco en Windows antes de migrar

Uno de los puntos que mucha gente pasa por alto es el estado del disco duro del PC antiguo. Si el disco de Windows tiene errores, la migración puede colgarse, ir lentísima o directamente dejar datos fuera. Antes de ponerte con el Asistente de Migración, merece la pena revisar el disco con la utilidad chkdsk.

En Windows puedes hacerlo desde el símbolo del sistema. Haz clic derecho en el botón de Inicio, elige “Ejecutar”, escribe cmd y pulsa Intro para abrir la consola. Una vez dentro, teclea chkdsk y pulsa Intro. El sistema analizará el disco de arranque y te avisará si encuentra problemas.

Si aparecen errores, el siguiente paso es repararlos. Escribe en la ventana de comandos chkdsk C: /F (sustituye C por la letra de tu unidad de arranque si es otra) y pulsa Intro. El sistema te pedirá confirmar la comprobación en el próximo reinicio; responde con Y y reinicia el PC para que se ejecute.

La reparación puede tardar un buen rato según el tamaño del disco y el volumen de datos. Conviene repetir el proceso hasta que chkdsk deje de mostrar errores. Si aun así sigue detectando problemas que no puede corregir, probablemente tu disco esté dañado físicamente y te toque acudir a un servicio técnico o usar métodos alternativos (copiar solo lo más importante a otro medio).

Si después de todo esto la migración sigue fallando, siempre te queda un plan B. Utiliza un disco externo o el uso compartido de archivos en red para copiar manualmente tus documentos más valiosos del PC al Mac. Es más lento y menos “mágico” que el asistente, pero la prioridad absoluta es no perder información.

Cómo usar el Asistente de Migración de Mac para pasar datos desde Windows

El núcleo de una migración cómoda desde Windows a Mac es el Asistente de Migración de macOS. Esta herramienta transfiere cuentas de usuario, documentos, correos compatibles, contactos, calendarios, fotos y algunos ajustes de configuración desde tu PC, colocándolos en los lugares correctos del Mac.

Según el estado de tu Mac, el proceso arranca de forma distinta. Si estás encendiendo el Mac por primera vez, el asistente de configuración inicial ya incluye la opción de traer datos desde un PC con Windows. Solo tienes que seguir los pasos de bienvenida hasta que te pregunte si quieres transferir información, elegir la opción de PC con Windows y continuar.

Si tu Mac ya está configurado, no pasa nada. Abre el Asistente de Migración desde la carpeta Aplicaciones > Utilidades o buscándolo con Spotlight. El asistente cerrará sesión en tu usuario y te llevará a una pantalla muy similar a la del primer arranque para conectar con el PC.

En ambos casos, llega un momento en que macOS te preguntará cómo quieres transferir la información. Selecciona “Desde un PC con Windows” y pulsa en Continuar para que el Mac espere a que inicies el asistente en el PC. Es importante que, en ese momento, ambos equipos estén encendidos y en la misma red.

En el PC tienes que abrir el Asistente de Migración de Windows que descargaste antes. Sigue las instrucciones en pantalla hasta que te pida introducir un código de verificación. Ese código aparece en tu Mac, normalmente de seis dígitos; escríbelo tal cual en el PC y pulsa Continuar para emparejar los dispositivos.

Una vez verificado el código, el PC comenzará a buscar tu Mac en la red y establecerá la conexión. Cuando el enlace se completa, el Mac analiza el contenido del PC y calcula cuánto espacio ocupan tus datos. Puede tardar un rato largo si tienes muchos archivos, así que paciencia.

Tras ese análisis, verás en el Mac una lista de categorías transferibles: cuentas de usuario de Windows, documentos, fotos, correo compatible, contactos, configuraciones y, en algunos casos, aplicaciones que también existan para macOS. Puedes seleccionar categorías completas o desplegar cada una para elegir carpetas o elementos concretos.

En el bloque de usuarios suele aparecer cada cuenta de Windows como un conjunto migrable. Si eliges traer una cuenta de administrador, el asistente te pedirá definir una contraseña nueva para esa cuenta en el Mac; apúntala bien, será la que uses para iniciar sesión. Si la cuenta era estándar, se asignará una contraseña temporal que verás en pantalla y que deberás cambiar en el primer inicio de sesión.

En ocasiones, si ya tienes en el Mac un usuario con el mismo nombre, el sistema te preguntará si quieres autorizar y vincular esa cuenta. En ese caso tienes que pulsar en Autorizar e introducir la contraseña del usuario ya existente en el Mac para permitir que se combinen o se asocien correctamente los datos.

Cuando hayas decidido qué migrar, pulsa Continuar y deja trabajar al sistema. Las migraciones grandes pueden tardar horas y es normal que parezca que se quedan “pilladas” en algún porcentaje durante bastante tiempo. Lo más importante es no apagar ni mover los equipos, y mantener la conexión de red estable durante todo el proceso.

Al terminar, el Mac te mostrará un mensaje indicando que la transferencia ha concluido. Cierra el Asistente de Migración, deja que el Mac se reinicie si lo solicita e inicia sesión con la cuenta migrada usando la contraseña que estableciste. A partir de ahí deberías ver tus documentos, fotos y demás contenido colocados y listos para usar.

Si tienes más cuentas de usuario en el PC de las que quieras traer, repite el procedimiento: inicia sesión en Windows con la otra cuenta y vuelve a lanzar el Asistente de Migración en ambos equipos. Irás añadiendo usuarios y datos en sucesivas tandas hasta tenerlo todo en el Mac.

Transferir archivos con discos externos y sistemas de archivos

No todo el mundo quiere o puede depender del Asistente de Migración. A veces tienes discos duros externos llenos de datos o prefieres hacerlo por partes. La alternativa clásica y muy eficaz es usar unidades externas (discos, pendrives) con un formato compatible entre Windows y macOS.

Si tus discos actuales están formateados en NTFS (lo más habitual en Windows), puedes conectarlos al Mac sin miedo. macOS puede leer discos NTFS sin problemas, no los reformatea automáticamente ni borra nada por conectarlos. Eso sí, por defecto solo podrás leer y copiar archivos desde ellos, no escribir de vuelta a menos que uses software de terceros.

Para mover datos de un lado a otro con total compatibilidad, lo más práctico es usar exFAT. Formatear un disco externo en exFAT permite leer y escribir desde Windows y Mac sin necesidad de drivers adicionales. La estrategia típica es: conectas el disco en Windows, copias ahí tus carpetas importantes, y luego llevas ese disco al Mac para volcar los datos.

Si ya tienes muchos discos NTFS llenos, puedes combinarlos con un disco nuevo. Adquieres una unidad externa, la formateas en exFAT y la usas como “puente” entre tu PC y tu nuevo Mac, sin tocar los discos antiguos hasta tener claro que todo está correctamente copiado.

Otra opción para casos puntuales es compartir carpetas por red. Windows permite compartir una carpeta en la red local usando SMB, y macOS puede conectarse a ese recurso desde el Finder. Es una forma de pasar archivos sin depender de la nube ni de unidades físicas, aunque la configuración inicial puede ser un poco más técnica.

Usar la nube para migrar de Windows a Mac

Hoy en día, para muchos usuarios la vía más simple es tirar de nube. Servicios como iCloud, OneDrive, Google Drive o Dropbox permiten sincronizar tus documentos entre Windows y macOS sin cables, siempre que tengas una buena conexión a Internet y espacio suficiente.

En Windows puedes instalar iCloud desde la Microsoft Store. La app de iCloud para Windows sincroniza fotos, iCloud Drive, marcadores y hasta contraseñas del llavero. No es tan fluida como en Mac, pero cumple de sobra para llevar tus contenidos básicos al ecosistema Apple.

De forma parecida, puedes usar OneDrive, Google Drive o Dropbox como “puente”. Subes tus archivos desde el PC antiguo a la nube y, una vez en el Mac, instalas el cliente correspondiente para descargarlos o sincronizarlos localmente. Es una solución agnóstica de plataforma, muy útil si tienes que convivir con varios sistemas.

El punto delicado son las fotos y los vídeos pesados. La mayoría de nubes ofrecen poco espacio gratuito (iCloud, por ejemplo, solo 5 GB en su plan básico), así que puede que tengas que contratar temporalmente más capacidad para completar la migración. Puedes hacerlo un mes, subir todo y luego bajar de plan.

Si trabajas con servicios como Microsoft 365 o Google Workspace, parte del trabajo ya viene hecho. Documentos de Office en OneDrive, correos y contactos en cuentas de Microsoft o Google, y agendas en la nube se sincronizan casi solos cuando añades la misma cuenta en tu Mac.

Lo único a vigilar es la sincronización múltiple. Si usas OneDrive o iCloud en varios equipos a la vez, evita tener el mismo archivo abierto en dos máquinas diferentes. Las colisiones de sincronización pueden generar duplicados o, en casos extremos, pérdida parcial de cambios.

Diferencias clave al pasar de Windows a macOS

Una vez que tus archivos ya viven en el Mac, empieza la otra parte del cambio: acostumbrarte al nuevo sistema. macOS no es Windows con iconos más bonitos; tiene su propia filosofía, atajos y forma de organizar ventanas y archivos, y dominarla te ahorrará muchos quebraderos de cabeza.

Para empezar, el cierre de aplicaciones funciona distinto. En Windows, pulsar la X cierra la app; en Mac, el botón rojo solo cierra la ventana, pero la app sigue abierta en segundo plano. Para salir de verdad tienes que usar “Salir” en el menú de la aplicación o pulsar Command (⌘) + Q.

El equivalente del Explorador de archivos es el Finder. Finder organiza tus carpetas personales y unidades, pero no muestra la ruta editable por defecto ni permite “cortar” archivos como en Windows. En su lugar, copias con Command (⌘) + C y “mueves” usando Command (⌘) + Option + V después de copiar.

Verás también que la barra de tareas de Windows se divide en dos conceptos. En la parte inferior tienes el Dock, con tus apps favoritas y las que están abiertas, mientras que la barra superior concentra menús, hora, accesos rápidos y notificaciones. El menú de la aplicación siempre está arriba, no pegado a la ventana.

El Launchpad es el sustituto del menú Inicio. Al abrir Launchpad (con su icono en el Dock, la tecla correspondiente o un gesto en el trackpad) aparecen todas tus apps en pantalla completa, al estilo iPhone o iPad. Puedes buscar por nombre sin tocar el ratón.

Para buscar todo tipo de contenido, macOS trae Spotlight. Con Command (⌘) + barra espaciadora abres una caja de búsqueda que localiza aplicaciones, documentos, correos, contactos, ajustes del sistema e incluso te hace operaciones matemáticas o conversiones. Es el equivalente vitaminado de la búsqueda de Windows.

Atajos de teclado y ratón: cambiar el chip de Windows a Mac

El cambio de atajos de teclado suele ser lo que más cuesta los primeros días. En Mac, la tecla protagonista es Command (⌘), que hace el papel del Control de Windows para copiar, pegar o seleccionar. Copiar es Command (⌘) + C, pegar es Command (⌘) + V, seleccionar todo es Command (⌘) + A, etc.

La tecla Option funciona como un modificador extra. Por ejemplo, si copias con Command (⌘) + C y luego usas Command (⌘) + Option + V en vez de pegar normal, lo que haces es mover el archivo (equivalente a cortar y pegar en Windows). También modifica menús y botones cuando la mantienes pulsada.

La tecla Control no es el “Control de Windows”. Control en macOS se usa sobre todo para clics contextuales y algunos atajos específicos. Por ejemplo, Control + clic en un archivo hace lo mismo que un clic derecho tradicional, y Control + flechas puede ayudar a cambiar de escritorios virtuales.

Con respecto al ratón y el trackpad, el clic derecho existe, pero con otro nombre. Apple lo llama clic secundario y puedes hacerlo con dos dedos en el trackpad, con un botón derecho en el ratón o pulsando Control mientras haces clic. Todo esto se puede personalizar en los ajustes de Trackpad o Ratón.

Los gestos del trackpad son uno de los puntos fuertes de macOS. Con tres o cuatro dedos puedes cambiar de escritorio, abrir Mission Control (vista de todas las ventanas), mostrar el escritorio o acceder a Launchpad. Si vienes de un portátil con Windows, la fluidez suele sorprender bastante.

Algunos atajos básicos que conviene memorizar son: Command (⌘) + Q para cerrar apps, Command (⌘) + W para cerrar ventanas, Command (⌘) + Tabulador para cambiar de aplicación y Mayúsculas + Command (⌘) + 3 para capturar toda la pantalla. Con esos cuatro, la curva de aprendizaje se hace menos dura.

Instalar y desinstalar aplicaciones al cambiar de Windows a Mac

Otro cambio importante está en cómo se instalan y se eliminan programas. En macOS la App Store juega un papel mucho más protagonista que la tienda de Microsoft en Windows, y a la vez sigue existiendo la instalación clásica descargando archivos desde la web.

Una parte de las aplicaciones para Mac se descargan en forma de archivos .dmg, que son imágenes de disco. Al abrir un .dmg se monta como si fuera una unidad, y dentro sueles ver el icono de la app y la carpeta Aplicaciones; arrastras la app a Aplicaciones y listo, no hay “siguiente, siguiente, finalizar”.

Otras llegan en un instalador .pkg. Los .pkg se comportan más como los .exe de Windows: abres el archivo, sigues unos pasos en un asistente y al final la app queda instalada en el sistema. Apple y muchos desarrolladores los usan para software más complejo.

Y también están las apps de la propia App Store de macOS, como Keynote, Pages y Numbers. Desde esa tienda puedes buscar nombres conocidos (Office, WhatsApp Desktop, gestores de notas, etc.) e instalarlos con un solo clic, con actualizaciones automáticas. Es una forma muy cómoda y bastante segura de mantener el software al día.

Para desinstalar, el sistema es más directo que en Windows en la mayoría de casos. Solo tienes que abrir la carpeta Aplicaciones en el Finder y arrastrar la app que no quieras a la papelera. Algunas dejan pequeños restos de configuración, pero funcionalmente quedan eliminadas.

Respecto a los programas que usabas en el PC, hay matices. Suites como Microsoft Office o Adobe Creative Cloud funcionan prácticamente igual en Windows y en Mac, con la misma cuenta y licencias portables. Sin embargo, aplicaciones como Final Cut Pro, Logic Pro o Sketch son exclusivas de Mac y no tienen equivalente en Windows, y otras como AutoCAD pueden tener licencias separadas por plataforma.

El error habitual es creer que una licencia de Windows vale también para Mac. En muchos casos deberás comprar de nuevo ciertas apps o buscar alternativas, así que conviene que revises antes qué programas críticos usas a diario y si tienen versión para macOS.

Errores frecuentes al migrar y cómo evitarlos

Después de ver muchos cambios de Windows a Mac (propios y ajenos) hay una serie de tropiezos que se repiten. El primero es pensar que todo tu software propietario “viaja” tal cual de un sistema a otro, cosa que rara vez ocurre.

Un ejemplo muy típico es Outlook. Si en Windows usas Outlook 2021 con licencia perpetua y archivos PST locales, al cambiar a Mac tendrás que reconfigurar reglas, firmas y categorías, y no todas las funciones se comportan igual. Lo más prudente es exportar a formatos estándar (CSV, ICS, etc.) cada cosa que no quieras perder.

Otro conflicto habitual aparece con servidores de archivos y NAS. Windows y macOS gestionan de forma distinta algunos detalles de SMB, nombres de archivo y visibilidad de ficheros. Es posible que en Windows veas carpetas que en Mac parecen vacías porque contienen archivos ocultos (por ejemplo, los que empiezan por punto).

En esos casos, puedes activar la visualización de archivos ocultos en el Mac con Command (⌘) + Mayúsculas + Punto. Y en Windows es recomendable configurar el Explorador para mostrar extensiones y ciertos elementos ocultos, para entender mejor qué hay realmente en cada ubicación compartida.

La sincronización en la nube también da pie a problemas curiosos. Usar OneDrive o iCloud con “archivos bajo demanda” en dos equipos simultáneamente puede generar colisiones si abres el mismo fichero en ambos. Una buena práctica es elegir qué máquina mantiene siempre los archivos descargados y en cuál prefieres que se queden en la nube salvo que los necesites.

Por último, hay que mencionar tus discos externos antiguos. Conectarlos a un Mac no borra nada ni los reformatea automáticamente, simplemente los monta en modo lectura si son NTFS. Lo que sí puede romper cosas es desconectarlos sin expulsar o insistir en escribir sobre ellos con herramientas no oficiales poco fiables.

Si te tomas un rato antes de migrar para limpiar archivos innecesarios en Windows, revisar licencias de software y preparar una copia de seguridad completa, la transición a macOS se convierte en un proceso largo pero predecible, y lo realmente importante (tus datos) llega sano y salvo al otro lado.

Cuando terminas de mover documentos, fotos, correo y configuraciones básicas, y empiezas a acostumbrarte al Dock, al Finder, a los gestos del trackpad y a usar Command en lugar de Control, lo que al principio parecía un cambio traumático se convierte en una rutina bastante sencilla en la que el Mac y las herramientas de migración hacen casi todo el trabajo pesado por ti, dejándote margen para centrarte en aprender las diferencias del nuevo sistema sin estar preocupado por perder tus archivos.

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