
Hoy en día lo primero que hacemos al entrar en casa, en la oficina o en una cafetería es sacar el móvil y buscar la red inalámbrica disponible. El wifi se ha convertido en la puerta de entrada a internet para casi todos nuestros dispositivos, pero pocas veces nos paramos a pensar qué hay detrás de esa palabra tan cotidiana.
Si quieres entender de verdad qué es el wifi, de dónde viene el término, cómo funciona por dentro, qué tipos existen, qué dispositivos intervienen, cuáles son sus ventajas, limitaciones y riesgos de seguridad o qué estándares técnicos hay detrás, aquí tienes una guía completa y en lenguaje claro, basada en los conceptos que explican las webs mejor posicionadas y ampliada con conocimiento técnico actual.
Qué es exactamente el wifi
Cuando hablamos de wifi nos referimos a una tecnología de comunicaciones inalámbricas que permite conectar entre sí dispositivos electrónicos (ordenadores, móviles, tablets, televisores, consolas, relojes inteligentes, etc.) y, normalmente, darles acceso a internet sin usar cables.
Esta comunicación se realiza mediante ondas de radio que viajan por el aire, dentro de un área limitada. En condiciones normales, una red wifi doméstica puede abarcar desde unos pocos metros hasta aproximadamente 100 metros, aunque el alcance real depende mucho de las paredes, interferencias y obstáculos que haya por medio.
Desde el punto de vista de red, el wifi es un tipo de WLAN (Wireless Local Area Network), es decir, una red local inalámbrica que funciona como equivalente sin cables de una red Ethernet tradicional. A nivel lógico, una red wifi y una red Ethernet hacen prácticamente lo mismo; lo que cambia es la forma en la que se transmiten las tramas de datos.
Gracias a todo esto, el wifi permite crear en casas, oficinas, comercios, hoteles o espacios públicos una red común en la que varios equipos comparten la misma conexión a internet, recursos internos (impresoras, discos de red, cámaras IP) y pueden comunicarse a alta velocidad dentro de distancias relativamente cortas.
Por qué se llama wifi y cómo se escribe bien
El término que usamos a diario, wifi o WiFi, procede realmente de una marca registrada: Wi-Fi. Esta marca pertenece a la Wi-Fi Alliance, una organización sin ánimo de lucro formada por grandes empresas tecnológicas que se encarga de certificar que los productos inalámbricos cumplen los estándares y son interoperables entre sí.
Esta alianza, que originalmente se llamó WECA (Wireless Ethernet Compatibility Alliance), contrató a una agencia de publicidad para encontrar un nombre corto, fácil de recordar y de pronunciar para la tecnología basada en los estándares IEEE 802.11. De ahí salió “Wi-Fi”, inspirado en “Hi-Fi” (High Fidelity), la etiqueta que se usaba para equipos de audio de alta fidelidad.
Durante un tiempo se utilizó el eslogan comercial “The Standard for Wireless Fidelity”, y en algunos documentos llegó a interpretarse que Wi-Fi significaba “Wireless Fidelity”. Sin embargo, los propios impulsores de la marca han aclarado que no es un acrónimo técnico oficial, sino un nombre de marketing al que más tarde se le buscó esa especie de explicación.
En español, la Real Academia Española ha incorporado el término como sustantivo común “wifi”, escrito en minúsculas y sin guion, sin comillas ni cursiva. También admite la forma “wi fi” en dos palabras, pero la grafía preferida es “wifi”. Puede usarse en masculino (el wifi, el sistema) o en femenino (la wifi, la red o la zona de cobertura), ambas formas son habituales.
Breve historia del wifi y sus orígenes tecnológicos
La historia del wifi no empieza directamente en el salón de casa, sino que se remonta a varias décadas de avances en radiofrecuencia y comunicaciones militares y civiles.
Uno de los precedentes más curiosos y relevantes es la invención del llamado “espectro ensanchado” y el salto de frecuencia, técnicas ideadas durante la Segunda Guerra Mundial por la actriz e inventora Hedy Lamarr y el compositor George Antheil. Su sistema de guía por radio para torpedos aliados buscaba evitar que las comunicaciones fueran interferidas o interceptadas por las potencias del Eje.
Aquella patente, conocida como “sistema secreto de comunicaciones”, sentó las bases teóricas de múltiples tecnologías modernas que usan radiofrecuencia, como el wifi, el bluetooth, algunos sistemas de GPS y otros enlaces inalámbricos. Aunque en su momento no tuvo un uso masivo, terminó siendo una pieza clave en el desarrollo posterior.
Tras la guerra, distintas empresas y organismos exploraron sistemas inalámbricos para telefonía móvil, fax, comunicaciones por satélite y redes de datos. En los años 80, la FCC estadounidense abrió el uso sin licencia de ciertas bandas ISM (incluida la de 2,4 GHz), lo que permitió que fabricantes empezaran a experimentar con redes inalámbricas de corto alcance.
En 1991, NCR y AT&T desarrollaron WaveLAN, una de las primeras soluciones comerciales de red inalámbrica para cajas registradoras y entornos corporativos. Paralelamente, el IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) trabajaba en un estándar general para redes inalámbricas de área local. Ese trabajo cristalizó en el estándar IEEE 802.11, publicado en 1997, que permitía velocidades de hasta 2 Mbps.
A finales de los 90, varias compañías como 3Com, Aironet, Intersil, Lucent, Nokia o Symbol Technologies vieron necesario unificar criterios para que los dispositivos de distintos fabricantes pudieran comunicarse sin problemas. Así nació en 1999 la Wireless Ethernet Compatibility Alliance (WECA), embrión de la actual Wi-Fi Alliance.
En julio de 1999 Apple empezó a vender portátiles con conectividad inalámbrica bajo la marca AirPort, contribuyendo a popularizar la idea de que un ordenador podía conectarse a la red sin cables. En el año 2000, la WECA certificó oficialmente equipos basados en la norma IEEE 802.11b bajo la marca Wi-Fi, garantizando que todos los productos con ese sello funcionarían entre sí.
El éxito fue tal que en 2002 la asociación ya reunía cerca de 150 miembros y el término wifi empezó a usarse de forma genérica para referirse a cualquier tipo de conexión informática inalámbrica, aunque técnicamente solo debería aplicarse a los estándares IEEE 802.11 y sus evoluciones.
Cómo funciona el wifi por dentro
El funcionamiento de una red wifi es, a grandes rasgos, similar al de un radiotransmisor bidireccional. Por un lado tenemos un punto de acceso (router o AP) que emite y recibe ondas de radio, y por otro lado dispositivos clientes que también cuentan con una radio wifi capaz de escuchar y transmitir en las mismas frecuencias.
Todo comienza en la conexión a internet: una línea de fibra, cable o xDSL llega hasta un módem o hasta un router que integra el módem, y cuya configuración —por ejemplo, cambiar los DNS del router— puede influir en su funcionamiento. Ese equipo descodifica la señal de banda ancha y la convierte en tráfico IP, que es el lenguaje de internet. A partir de ahí, un router inalámbrico toma esos datos y los transforma en ondas de radio siguiendo los protocolos IEEE 802.11.
El router o punto de acceso emite periódicamente balizas con el nombre de la red (SSID) y otros parámetros (canal, tipo de cifrado, etc.), anunciando su presencia a los dispositivos cercanos. Cualquier equipo con wifi activado escanea el entorno, detecta esas redes y, si el usuario introduce la contraseña correcta o se trata de una red abierta, inicia el proceso de autenticación y asociación.
Una vez conectado, el dispositivo cliente y el punto de acceso intercambian datos mediante tramas wifi que viajan en las bandas de 2,4 GHz, 5 GHz o 6 GHz, según el estándar. El dispositivo recibe las ondas de radio, su tarjeta inalámbrica las traduce de nuevo a datos digitales y las entrega al sistema operativo o a la aplicación que las necesita (navegador, app de vídeo, juego online…).
El proceso es bidireccional: cuando envías un mensaje, subes un archivo o haces una videollamada, tu dispositivo genera datos que se encapsulan en tramas wifi y se transmiten por radio al router. Este, a su vez, los reenvía por la conexión de internet hacia el destino correspondiente. Así, varios dispositivos pueden compartir simultáneamente el mismo acceso a internet e incluso intercambiar información dentro de la red local sin salir a la red global.
Características principales de las conexiones wifi
Las redes wifi tienen una serie de rasgos que las diferencian de las conexiones cableadas tradicionales y que conviene tener muy presentes.
En primer lugar, se trata de un sistema completamente inalámbrico: no necesita cables físicos entre los dispositivos y el router, lo que aporta una comodidad enorme para el usuario y reduce costes de instalación, obra y mantenimiento de cableado estructurado.
El wifi tiene un radio de acción limitado y variable. La calidad de la señal depende mucho de la distancia al punto de acceso, de los materiales de las paredes, de la presencia de otros aparatos que emiten en la misma frecuencia (microondas, bluetooth, otros routers cercanos) y, en general, del “ruido” que haya en el espectro radioeléctrico.
Además, esta tecnología suele sacrificar algo de estabilidad y velocidad frente a una conexión totalmente cableada. Aunque los estándares modernos alcanzan cifras muy altas en condiciones ideales, en la práctica la velocidad real se ve afectada por interferencias, saturación del canal y número de usuarios conectados.
Otro punto clave es la seguridad: al viajar los datos por el aire, cualquier dispositivo dentro del alcance podría intentar escuchar o conectarse. Por eso las redes wifi necesitan mecanismos de autenticación y cifrado robustos, así como una buena configuración del router, para evitar intrusos y fugas de información.
Dispositivos que forman una red wifi
En una red wifi podemos distinguir dos grandes grupos de equipos: los dispositivos de distribución o de red, que sostienen la infraestructura inalámbrica, y los dispositivos terminales, que son los que usa el usuario final para conectarse.
Dispositivos de distribución o de red
Estos son los aparatos que crean, amplían o gestionan la red wifi y, en muchos casos, se combinan varios roles en un mismo dispositivo.
Por un lado están los puntos de acceso (AP o WAP). Son equipos dedicados a emitir la señal inalámbrica y a gestionar las conexiones de los clientes. Cada punto de acceso tiene una dirección IP dentro de la red local para poder administrarlo, definir sus parámetros de seguridad, SSID, canal, potencia, etc.
También tenemos los repetidores o extensores wifi, que captan la señal existente y la vuelven a emitir para ampliar el área de cobertura o reforzar zonas donde el wifi llega débil. Algunos repetidores combinan funciones de punto de acceso y se integran en sistemas mesh.
El tercer pilar son los enrutadores inalámbricos (routers wifi). En redes domésticas o de pequeña oficina suelen ser aparatos “todo en uno” que incluyen el módem (en algunos casos), el router propiamente dicho para conectar la red local con internet, el punto de acceso wifi y, a menudo, un pequeño conmutador con puertos Ethernet y a veces USB.
Dispositivos terminales
En el otro extremo están todos los dispositivos finales que se conectan a la red inalámbrica mediante una tarjeta de red wifi integrada o externa. Aquí entran:
- Ordenadores de sobremesa con tarjetas PCI, PCIe o adaptadores USB wifi.
- Portátiles y ultrabooks, que suelen llevar tarjetas MiniPCI o M.2 internas.
- Smartphones y tablets de cualquier sistema operativo.
- Televisores inteligentes (Smart TV) y set-top boxes.
- Consolas de videojuegos de sobremesa y portátiles.
- Smartwatches y pulseras cuantificadoras.
- Periféricos conectados como impresoras, cámaras IP o cámaras web wifi.
- Cualquier otro dispositivo IoT con compatibilidad wifi integrada.
En los primeros años eran comunes las tarjetas PCMCIA para portátiles y las tarjetas PCI internas para sobremesa; hoy han sido desplazadas casi por completo por soluciones USB y módulos inalámbricos integrados en placa, compatibles incluso con los estándares más recientes como 802.11ac o 802.11ax.
Tipos de wifi y estándares IEEE 802.11
Cuando se habla de “tipos de wifi” en realidad se hace referencia a los distintos estándares de la familia IEEE 802.11 que ha ido publicando el IEEE con el tiempo. Cada uno define mejoras en velocidad, alcance, eficiencia o seguridad.
Los estándares más clásicos que trabajan en la banda de 2,4 GHz son:
- IEEE 802.11b: uno de los primeros en popularizarse, con velocidades de hasta 11 Mbit/s.
- IEEE 802.11g: mejora el máximo teórico hasta 54 Mbit/s, manteniendo la misma banda.
- IEEE 802.11n (WiFi 4): permite alcanzar hasta 300 Mbit/s o más, gracias a técnicas como MIMO y anchos de canal de 40 MHz.
La banda de 2,4 GHz tiene la ventaja de un mayor alcance, pero sufre mucha más interferencia, porque la usan también otras tecnologías como bluetooth, microondas domésticos o ciertos sistemas inalámbricos industriales.
Para aliviar esa saturación se impulsaron estándares en la banda de 5 GHz, como:
- IEEE 802.11ac (WiFi 5): opera en 5 GHz, con canales más anchos (80 y 160 MHz) y velocidades teóricas que pueden superar los 3,5 Gbit/s en configuraciones multiantena. Ofrece entornos de frecuencia más limpios, aunque con algo menos de alcance que 2,4 GHz (alrededor de un 10 % menos).
La evolución más reciente son los estándares agrupados bajo la etiqueta WiFi 6 y posteriores:
- IEEE 802.11ax (WiFi 6): publicado en 2019, funciona tanto en 2,4 GHz como en 5 GHz. Introduce OFDMA, mejora el uso de MU-MIMO (en subida y bajada), aumenta la eficiencia espectral y puede lograr hasta un 37 % más de velocidad respecto a 802.11ac en escenarios reales.
- WiFi 6E: extensión de WiFi 6 que añade la banda de 6 GHz, proporcionando más canales y menos interferencias para redes de alta densidad.
- IEEE 802.11be (WiFi 7): especificaciones presentadas en 2023, con soporte para bandas de 2,4 GHz, 5 GHz y 6 GHz, mayor ancho de banda efectivo y velocidades potenciales que pueden llegar a decenas de Gbit/s.
Para simplificar esta sopa de letras, la Wi-Fi Alliance propuso nombres generacionales que ya verás en muchos routers y dispositivos: WiFi 4 para 802.11n, WiFi 5 para 802.11ac y WiFi 6 para 802.11ax. Así al usuario medio le resulta más fácil saber qué tecnología está usando sin tener que memorizar códigos técnicos.
Para qué sirve el wifi en el día a día
Más allá de lo técnico, interesa saber para qué nos sirve en la práctica. El wifi permite interconectar equipos y acceder a internet en un rango relativamente corto (hogar, oficina, comercio, vehículo, campus, plazas públicas, etc.) sin desplegar cables.
Con una sola conexión de banda ancha y un router inalámbrico bien configurado, puedes compartir internet con múltiples usuarios al mismo tiempo para navegar, ver vídeos en streaming, trabajar en remoto, jugar online o hacer videollamadas, entre muchas otras cosas. El wifi es el gran facilitador del teletrabajo, el entretenimiento en línea y la domótica.
También es clave para la comunicación entre dispositivos dentro de la red local: enviar documentos a una impresora wifi, acceder a un servidor NAS, ver en la tele un vídeo almacenado en el ordenador, controlar cámaras de seguridad o integrar altavoces inteligentes y asistentes de voz en casa.
En el ámbito profesional, el wifi simplifica la movilidad de los empleados dentro de la oficina, reduce el coste y la rigidez del cableado estructurado y hace posibles aplicaciones como redes de invitados, redes corporativas segregadas o soluciones de IoT industrial.
Además, gracias a los puntos de acceso público en aeropuertos, hoteles, restaurantes o bibliotecas, el wifi ha democratizado el acceso a internet, aunque esto viene acompañado de retos importantes de seguridad y privacidad cuando las redes no están bien protegidas.
Ventajas y desventajas del wifi
El wifi tiene muchos puntos fuertes, pero también limitaciones que conviene conocer para no llevarse sorpresas.
Entre las principales ventajas se pueden destacar:
- Comodidad y movilidad: al no depender de cables, puedes moverte libremente por un área bastante amplia con portátiles, móviles y tablets.
- Coste de instalación reducido: una vez desplegada la red, añadir nuevos dispositivos prácticamente no implica gastos de infraestructura.
- Escalabilidad sencilla: en muchos casos basta con añadir puntos de acceso o repetidores para ampliar la cobertura.
- Amplia compatibilidad: la certificación Wi-Fi garantiza que los equipos de distintos fabricantes funcionen juntos sin problemas graves.
Por el lado de las desventajas o problemas habituales:
- Seguridad más delicada: al propagarse por el aire, una mala configuración o un cifrado débil puede exponer la red a intrusos que capturen tráfico o roben ancho de banda.
- Velocidad inferior a la del cable en muchos escenarios, debido a interferencias, pérdida de señal o saturación de la banda.
- Alcance limitado y muy dependiente del entorno: paredes, muebles, estructuras metálicas, otras redes vecinas… todo ello degrada la señal.
- Incompatibilidades y coexistencia con otras tecnologías inalámbricas: especialmente en 2,4 GHz, donde coexiste con bluetooth, microondas, ZigBee, etc.
Con todo, si se diseña bien la red, se elige el equipo adecuado y se aplica una buena configuración de seguridad, el wifi sigue siendo la opción más práctica y versátil para conectar muchos dispositivos en espacios reducidos sin meterse en obras ni en marañas de cables.
Seguridad en redes wifi: riesgos, cifrado y buenas prácticas
Una de las cuestiones más críticas del wifi es la seguridad. Un porcentaje nada desdeñable de redes domésticas se instalan sin cambiar los ajustes por defecto, dejando contraseñas débiles, SSID visibles muy predecibles o cifrados anticuados que pueden romperse con relativa facilidad.
Cuando una red no está protegida o lo está de forma deficiente, cualquiera que se sitúe dentro de su cobertura puede intentar conectarse, usar la conexión a internet o, peor aún, capturar y leer el tráfico que circula por ella. Esto incluye datos personales, credenciales, correos o cualquier otra información que no vaya cifrada por capas superiores (HTTPS, VPN, etc.).
Para mitigar estos riesgos, los dispositivos wifi incorporan distintos protocolos de cifrado y autenticación que codifican los datos antes de emitirlos. Los más conocidos son:
- WEP (Wired Equivalent Privacy): fue el primer sistema de cifrado para wifi. Utiliza claves de 64 o 128 bits, pero presenta vulnerabilidades muy graves. Hoy se considera totalmente inseguro, y cualquier atacante con las herramientas adecuadas puede romperlo en poco tiempo, incluso con claves complejas.
- WPA (Wi-Fi Protected Access): introdujo mejoras respecto a WEP, como la generación dinámica de claves y el uso de TKIP. Aun así, ya no se considera suficientemente robusto para entornos que requieran alta seguridad.
- WPA2: durante muchos años ha sido el estándar recomendado. Basado en el estándar 802.11i, utiliza cifrado AES y, bien configurado, es bastante sólido, aunque precisa hardware y firmware compatibles.
- WPA3: evolución más reciente, mejora la protección frente a ataques de fuerza bruta y ofrece mayor seguridad en redes abiertas mediante cifrado individualizado.
Además del cifrado, existen otras medidas que ayudan a reforzar la protección de una red inalámbrica, aunque ninguna es infalible por sí sola:
- Cambiar frecuentemente la contraseña del wifi, usando combinaciones largas con mayúsculas, minúsculas, números y símbolos.
- Modificar el SSID por defecto para que no revele marca y modelo del router, aunque no conviene ocultarlo como única medida, ya que la ocultación de SSID no es un mecanismo de seguridad real.
- Desactivar WPS (el botón de emparejamiento rápido), que ha presentado fallos en muchos equipos.
- Configurar filtros MAC solo como apoyo, sabiendo que las direcciones MAC se pueden falsear.
- En entornos profesionales, usar 802.1X, RADIUS y VPN para autenticación avanzada y túneles cifrados.
En cualquier caso, conviene asumir que ninguna solución es absolutamente invulnerable, y que la mejor estrategia pasa por combinar un buen cifrado (WPA2 o WPA3), actualización periódica de firmware y hábitos de uso responsables (no conectarse a redes públicas sensibles sin protección adicional, usar HTTPS, VPN, etc.).
Conocer todos estos conceptos de wifi, desde el origen del término hasta los estándares más modernos, los dispositivos implicados y las medidas de seguridad disponibles, permite tomar mejores decisiones al elegir un router, configurar una red doméstica o valorar qué riesgos asumes al conectarte a una red pública. Entender cómo viajan realmente los datos por el aire ayuda a aprovechar al máximo la comodidad del wifi sin perder de vista sus límites y responsabilidades.

