
La reciente entrevista de Gorillaz en Apple Music se ha convertido en uno de los momentos clave para entender la etapa actual del grupo virtual creado por Damon Albarn y Jamie Hewlett. En una conversación extensa con Zane Lowe, la banda repasa el origen de su nuevo álbum, su manera de afrontar la pérdida y cómo han redefinido su relación con los personajes animados que les han acompañado durante un cuarto de siglo.
Grabada en House of Kong, en Los Ángeles, una experiencia inmersiva creada para celebrar los 25 años de Gorillaz, la charla funciona casi como un making of emocional y creativo de The Mountain. A lo largo de la entrevista, Albarn y Hewlett van hilando recuerdos, decisiones artísticas y anécdotas personales que ayudan a entender por qué este trabajo se percibe como un punto de inflexión dentro de su trayectoria.
House of Kong y el 25 aniversario de Gorillaz
Para esta aparición en Apple Music, Zane Lowe se desplaza hasta House of Kong, un espacio montado en Los Ángeles que sirve como celebración del 25 aniversario de Gorillaz. Más que un simple decorado, el lugar está planteado como una experiencia inmersiva que conecta al público con el universo visual y sonoro de la banda, reforzando la idea de que el proyecto siempre ha sido algo más que música.
En ese contexto, la entrevista funciona como una especie de visita guiada a la historia del grupo: Albarn y Hewlett repasan sus inicios, la evolución de los personajes y las decisiones que los han llevado al presente. Esta mirada hacia atrás cobra especial relevancia para la audiencia europea, donde Gorillaz consolidó una base de fans muy sólida desde sus primeros discos y donde muchos de esos conciertos y estrenos visuales se vivieron en tiempo real.
The Mountain: un disco heredero de Plastic Beach
Uno de los ejes de la conversación es The Mountain, el nuevo álbum de Gorillaz. Zane Lowe comenta que el disco se siente como una obra muy unificada, algo que Damon Albarn recoge asegurando que, para él, este trabajo es casi una continuación natural de Plastic Beach. Entre ambos sitúa una etapa más disonante, con ideas interesantes pero menos cohesionadas a nivel narrativo.
Albarn insiste en que, en este nuevo proyecto, existe de nuevo esa sensación de aventura y de mundo coherente, una especie de retorno a un concepto en el que música, personajes y contexto visual encajan de manera orgánica. Jamie Hewlett añade que la narrativa del álbum prácticamente se les impuso por sí sola, como si fuera inevitable, lo que refuerza la idea de que The Mountain no es únicamente una colección de canciones, sino una historia con principio y fin.
Glastonbury, Roskilde y el giro en los directos
Otro tramo importante de la entrevista se centra en la forma en que Gorillaz ha ido transformando su directo. Zane Lowe recuerda cómo, tras Plastic Beach, la banda dio la sensación de acercarse a un formato más convencional de gira, abandonando parte del misterio inicial que rodeaba al proyecto. Ese cambio, según Albarn, vino motivado en parte por una llamada de última hora para encabezar el cartel de Glastonbury.
En aquel momento, seguían utilizando el enfoque visual que habían pulido en la etapa de Demon Days, con la banda casi en sombras, priorizando la pantalla y limitando la presencia física en el escenario. Sin embargo, en un recinto tan masivo como el Pyramid Stage se generó una desconexión extraña con el público: lo que se veía bien por televisión no terminaba de funcionar en el campo, ante decenas de miles de personas.
La reacción no se hizo esperar: para el siguiente concierto, en Roskilde, Albarn decidió romper con esas restricciones visuales. En lugar de esconderse tras las siluetas y la animación, optó por aprovechar al máximo la banda sobre el escenario, asumiendo que, para conectar con audiencias de ese tamaño, era necesario mostrarse de forma más directa. Con el tiempo, explica, han conseguido reencauzar el concepto en vivo, buscando un equilibrio entre la identidad animada de Gorillaz y la energía de un grupo en directo.
Los inicios incómodos y las entrevistas en silueta
En un tono más distendido, Zane Lowe recupera recuerdos del comienzo de la carrera de Gorillaz, cuando las primeras entrevistas se hacían prácticamente en la penumbra, como si fueran participantes anónimos en un programa de protección de testigos. La intención era que los medios entrevistasen a los personajes de dibujos animados, no a las personas reales detrás del proyecto.
Jamie Hewlett explica que la idea de fondo era eliminar la noción de celebridad asociada a los músicos, algo que encajaba perfectamente con la propuesta de una banda virtual. Damon Albarn admite, sin embargo, que nunca llegaron a dominar del todo ese juego de identidades. Recuerda, por ejemplo, su primera gran entrevista en Estados Unidos, con Rolling Stone, donde cada uno se repartía los papeles de 2D, Murdoc o Russell por teléfono, tratando de mantener la ficción… sin demasiado éxito a largo plazo.
Cuando Gorillaz intentó ser un holograma
La entrevista también repasa uno de los experimentos tecnológicos más recordados de la banda: los conciertos con hologramas. Zane Lowe confiesa que, al verlo en televisión, le pareció que funcionaba muy bien, aunque era consciente de que en la sala la experiencia fue bastante más problemática. Damon Albarn coincide en que, a nivel televisivo, el resultado fue brillante, pero admite que en directo la cosa se torcía.
Jamie Hewlett detalla las limitaciones técnicas de aquella época: la tecnología no estaba realmente preparada para un concierto con la potencia sonora habitual, ya que la pantalla “invisible” vibraba con los graves y la batería. Eso obligaba a bajar tanto el volumen que, en actuaciones como la de los Grammy, parte del público ni siquiera se daba cuenta de que el show había empezado, porque el sonido era demasiado bajo.
En plena conversación, surge la reflexión de que, con ese sistema, habrían podido organizar docenas de actuaciones simultáneas en todo el mundo. Albarn recuerda que esa era precisamente una de las grandes ideas que se debatían antes de que proyectos posteriores, como el de ABBA con sus propios avatares, contaran con el presupuesto y la tecnología suficientes para hacerla realidad de forma estable.
La conexión con Daft Punk y las máscaras de la fama
Al hablar de identidad y anonimato, aparece inevitablemente la comparación con Daft Punk, otro proyecto que jugó con la ocultación de los rostros. Jamie Hewlett apunta que ambos surgieron en un periodo similar, generando la percepción de que estaban explorando territorios conceptuales parecidos. Damon Albarn reconoce que veía en ellos algo afín, aunque considera que el dúo francés tenía una ventaja: no arrastrar la cara reconocible de una figura del britpop intentando pasar desapercibida.
Esa lucha con la fama, con ser “víctima de tu propia cara”, como bromea Zane Lowe, ha acompañado a Albarn durante décadas y explica parte de la insistencia inicial en usar los personajes como escudo. En el contexto europeo, donde la figura de Albarn estaba muy asociada a Blur, Gorillaz fue un vehículo para jugar con otra identidad, menos condicionada por las expectativas del rock británico tradicional.
Videoclips, storyboards y el proceso creativo compartido
Zane Lowe dedica un bloque completo a los videoclips de Gorillaz, un aspecto que siempre ha sido central en la propuesta del grupo. Destaca el nivel de detalle de los storyboards y la cantidad de trabajo previo que hay antes de que la animación cobre vida. Jamie Hewlett confirma que, lejos de limitarse a bocetos sencillos, intenta que esos guiones gráficos sean lo más completos posible para que los animadores tengan claro el resultado final.
Con el tiempo, Hewlett empezó incluso a editar los storyboards con la música, generando animáticas con cientos de dibujos para un solo vídeo de apenas cuatro minutos. Esa forma de trabajar, aunque exigente, permite llegar al rodaje con una visión muy definida. Damon Albarn recuerda con cariño la rutina de aquellos años: tocaba una canción, subía al estudio de Hewlett en Buspace y, a partir de ahí, comenzaba el proceso visual casi de inmediato.
En lugar del esquema habitual donde un director externo propone el concepto y se encarga de toda la producción, en Gorillaz son ellos mismos quienes dirigen la narrativa desde el storyboard. Hewlett explica que escucha la canción, plantea la historia y la contrasta con Albarn; si ambos están de acuerdo, se lanza a dibujar. Después, llegado el momento de la producción, el presupuesto obliga a veces a recortar o ajustar ideas, pero la base creativa nace siempre de ese diálogo entre música e imagen.
Personajes, historias personales y libertad creativa
En la parte final de la conversación, Apple Music pone el foco en la relación personal que Damon Albarn y Jamie Hewlett mantienen con los personajes de Gorillaz. Hewlett define el proyecto como un “experimento continuo” que se adapta cada vez que ellos mismos cambian y evolucionan como artistas. Parte de la clave del éxito de la banda virtual está en esa libertad para hacer prácticamente lo que quieran, sin sentirse atados a un único estilo o narrativa.
Los personajes, sin embargo, no son simples figuras de ficción desconectadas de la realidad. Hewlett admite que a menudo terminan contando historias que se parecen mucho a las suyas propias. Experiencias personales, emociones y situaciones vitales acaban filtrándose a través de 2D, Murdoc, Noodle o Russell. Albarn, por su parte, reconoce que hubo un momento en el que sintió algo casi inquietante: tuvo la sensación física de que los personajes estaban “justo a la vuelta de la esquina”, como si hubieran cobrado una existencia propia.
La evolución de Murdoc, Russell y las ideas sembradas a largo plazo
Hewlett explica que el desarrollo de los personajes ha sido un proceso acumulativo: se empieza con lo justo para arrancar y se van añadiendo capas con los años. Así, elementos como el perfil satanista de Murdoc surgieron con relativa facilidad, mientras que otros conceptos tardaron mucho más tiempo en explotarse. Es el caso de Russell, imaginado desde el principio como alguien capaz de invocar a espíritus de artistas fallecidos.
Esa idea, que en su momento apenas se insinuó con la presencia del fantasma de Del, ha adquirido nuevo peso en el contexto de The Mountain. Tras 25 años de carrera y colaboraciones con multitud de músicos, algunos de los cuales ya no están, la noción de Russell como canalizador de esas voces tiene ahora un significado diferente, más cargado de memoria y experiencia. Muchas semillas plantadas en los inicios encuentran hoy su lugar dentro del relato general de la banda.
La película que nunca llegó y el germen de Cracker Island
Otro capítulo llamativo de la entrevista es el que gira en torno a la película de Gorillaz que nunca llegó a rodarse. Hewlett comenta que, si se hubiera hecho hace 25 años, podría haber tenido sentido, pero que ahora mismo la idea de una película no les resulta ni original ni especialmente atractiva. Pese a que llegaron a tener un acuerdo con Netflix, donde se les prometía total libertad creativa y un presupuesto amplio, el proyecto terminó desinflándose.
Los continuos cambios internos en la plataforma, las salidas de las personas clave y la burocracia de las grandes compañías hicieron que el desarrollo avanzara con desesperante lentitud. Albarn habla de la sensación de estar esperando una eternidad, mientras que Hewlett admite que, ante tanto estancamiento, decidieron centrar sus energías en un nuevo álbum. De esa espera surgió un disco que, de algún modo, reflexiona precisamente sobre esa sensación de tiempo suspendido, un enfoque que terminaría influyendo en trabajos como Cracker Island.
Duelo, viaje a la India y el nacimiento de The Mountain
La parte más íntima de la entrevista llega cuando Zane Lowe pregunta por el origen concreto de The Mountain. Jamie Hewlett sitúa el punto de partida durante el rodaje de las secuencias de acción real del vídeo de “Silent Running”, del álbum anterior, en Serbia. Mientras tanto, su esposa se encontraba en la India con su madre, que sufrió un derrame cerebral, obligándole a abandonar el rodaje para viajar de urgencia primero a Londres y después a Jaipur.
Hewlett relata que pasó en torno a seis o siete semanas en la India, a caballo entre la preocupación y la experiencia transformadora de convivir con una hospitalidad muy cálida. A su vuelta, llegó con la idea de regresar al país junto a Albarn para, quizá, hacer un disco de Gorillaz allí, sin un gran plan previo más allá de vivir el lugar y ver qué surgía creativamente.
Sin embargo, el curso de los acontecimientos dio un giro muy duro: en pocos días, ambos perdieron a sus padres, primero el de Damon y, diez días después, el de Jamie. Un hecho que se volvió aún más extraño al recordar que ellos mismos nacieron con apenas diez días de diferencia. Esa coincidencia temporal convirtió la situación en algo difícil de encajar, obligándoles a replantearse cómo seguir adelante tanto a nivel personal como artístico.
Hewlett describe la sensación de que, al fallecer tu padre, “subes de nivel en el gran videojuego de la vida” y pasas a convertirte en una suerte de patriarca, algo que se vive como un cambio profundo independientemente de cómo fuera la relación previa. Albarn asiente y resume que esa experiencia te cambia por dentro. La desaparición de esa figura protectora, de esa especie de capa de seguridad vital, deja un vacío que inevitablemente se cuela en la música.
Todo ese proceso de duelo, viajes, esperas y reordenación emocional acaba cristalizando en The Mountain, un álbum que, como se desprende de la entrevista en Apple Music, está atravesado por la necesidad de entender la pérdida y de encontrar una nueva posición en el mundo. Para los seguidores de Gorillaz en Europa y España, acostumbrados a ver al grupo desde su faceta más lúdica y visual, esta conversación abre una ventana a la trastienda emocional del proyecto, mostrando cómo las vivencias de Albarn y Hewlett alimentan de forma directa el universo animado que tanto ha marcado a varias generaciones.
