Los iconos de la app macOS Tahoe se han convertido en uno de los temas de conversación más comentados entre diseñadores, desarrolladores y usuarios avanzados de Mac en los últimos meses. Lo que podría parecer un simple cambio estético ha terminado destapando un debate de fondo sobre la coherencia del diseño de Apple y el modo en que la compañía aplica (o ignora) sus propias normas históricas.
En distintos foros y encuestas tecnológicas, con especial eco en medios como 9to5Mac, los usuarios han llegado a calificar estos iconos como «horribles», «terribles» o «objetivamente malos», mientras otros los defienden como un intento de modernizar y hacer más visual el sistema. El resultado es una comunidad bastante dividida, pero con un punto en común: la sensación de que algo no termina de encajar en la forma en que Apple está abordando los menús de macOS Tahoe.
Qué está pasando con los iconos de macOS Tahoe
La polémica ha saltado a primera plana después de que el ingeniero de software Nikita Prokopov analizara en detalle los iconos que aparecen ahora en los menús de macOS Tahoe. Su crítica no se queda en si son más o menos bonitos, sino en que el enfoque actual copia casi al milímetro un estilo que las propias Directrices de Interfaz Humana de Macintosh desaconsejaban a principios de los 90.
En esas guías, Apple mostraba un ejemplo de menú «feo» en el que cada elemento del listado iba acompañado de su propio icono. Justo al lado, se proponía el modelo considerado correcto: menús limpios, con muy pocos iconos y reservados únicamente para las funciones realmente importantes o recurrentes. Es decir, iconos como apoyo visual puntual, no como decoración omnipresente.
Según el análisis de Prokopov, los menús de Tahoe han dado un giro completo hacia ese patrón que antaño se consideraba un error. Ahora, prácticamente cada opción viene con un icono asociado, generando una especie de mosaico visual que, lejos de ayudar, puede entorpecer la lectura rápida de las opciones, sobre todo en menús extensos.
La cuestión va más allá de la nostalgia o del purismo del diseño clásico de Macintosh: el problema, según este ingeniero, es que el exceso de iconos rompe el objetivo principal de la iconografía, que es guiar al usuario y reducir el tiempo que tarda en localizar la acción que busca.

Cuando todo tiene un icono, nada destaca
Prokopov resume el núcleo de su crítica con una idea sencilla pero contundente: un icono sirve para que encuentres algo antes. Si cada elemento del menú tiene un símbolo, ninguno resalta por encima del resto. El usuario deja de poder usar la forma o el color del icono como atajo visual y acaba volviendo a leer el texto de cada opción, justo lo contrario de lo que se pretende.
En sus comentarios, el ingeniero recuerda que, si bien las pantallas de hoy en día tienen una resolución muy superior a la de los años 90 y permiten iconos mucho más nítidos y detallados, eso no soluciona el problema de fondo. La cuestión ya no es técnica, sino de jerarquía visual y priorización de la información: la calidad del píxel no compensa una mala organización del contenido.
De hecho, su planteamiento es que la saturación de iconos termina generando una especie de «ruido visual» en el que todos los elementos compiten por llamar la atención. En un entorno como macOS, donde muchos menús pueden ser bastante largos, este efecto se nota todavía más y, según sostiene, va en contra de lo que se espera de una interfaz de escritorio pensada para trabajar de forma fluida.
Esta filosofía contrasta con la aproximación que utilizaron históricamente otros sistemas, como Windows. Prokopov pone como ejemplo el enfoque inicial de Microsoft, que optaba por limitar los iconos a las funciones más usadas o más críticas, de modo que un vistazo rápido a la barra de herramientas o al menú bastaba para identificar las acciones clave sin necesidad de leer línea por línea.
La comparación no pretende idealizar a Microsoft ni demonizar a Apple, sino subrayar que el propio modelo muy parecido al de esa primera etapa de Windows ya estaba presente en las guías originales del ecosistema Mac, y que es ahora cuando se está produciendo la ruptura con esos principios.
Incoherencia entre apps y significados contradictorios
La crítica de Prokopov no se queda solo en la cantidad de iconos; apunta también a la falta de consistencia en el lenguaje visual que Apple está utilizando entre sus propias aplicaciones. Según explica, una misma acción puede representarse con hasta cinco iconos distintos dependiendo de la app en la que estés.
Un ejemplo especialmente llamativo es el de funciones tan básicas como crear un elemento nuevo. En teoría, una acción tan frecuente debería tener un símbolo reconocible y uniforme en todo el sistema. Sin embargo, en macOS Tahoe es posible encontrarse con distintos iconos para «Nuevo» según se trate de una app u otra, lo que añade fricción cognitiva al usuario, que debe reaprender el significado en cada contexto.
La situación se vuelve aún más confusa cuando se detectan casos en los que el mismo icono se utiliza para acciones completamente diferentes. Prokopov menciona, por ejemplo, que el icono de «nueva nota» en la aplicación Notas coincide con el icono de «editar dirección» en la aplicación Contactos. A efectos prácticos, el usuario se ve obligado a apoyarse en el texto sí o sí, porque el símbolo deja de ser fiable.
Desde la perspectiva del diseño de interacción, esta mezcla de significados va en contra de una de las reglas básicas de cualquier sistema de iconografía: a igualdad de forma, debe haber igualdad de función. Un mismo pictograma no debería cambiar de sentido según la app en la que estemos, especialmente dentro del ecosistema nativo de la propia compañía.
Todo esto no solo afecta a usuarios avanzados; también tiene impacto en personas que están entrando en el entorno Mac por primera vez en España o en otros países europeos, donde muchos equipos se utilizan tanto en entornos domésticos como en oficinas y centros educativos. Un lenguaje visual poco claro complica la curva de aprendizaje y puede generar errores al seleccionar acciones parecidas pero con consecuencias muy distintas.
La herencia de las guías clásicas de Apple frente a la realidad actual
El punto que más ha llamado la atención a la comunidad es que Apple ya se había pronunciado sobre todo esto hace más de tres décadas. Las antiguas Directrices de Interfaz Humana de Macintosh insistían en que los iconos en menús debían usarse con moderación, reservándose para aquellas funciones en las que realmente aportaran valor y redujeran la carga de lectura.
En esas guías se mostraban, de forma muy gráfica, dos ejemplos contrapuestos: un menú sobrecargado de iconos, clasificado directamente como «feo» y poco recomendable, y otro menú limpio, con muy pocos iconos pero bien elegidos, que se presentaba como el estándar de calidad que debía buscar cualquier aplicación para Mac.
La sorpresa llega cuando se observa que los menús de macOS Tahoe encajan precisamente en la categoría que antes se ponía como ejemplo negativo. Para muchos diseñadores de interfaz en Europa, acostumbrados a tomar las guías de Apple casi como «biblia» del diseño, esta situación resulta cuanto menos contradictoria.
Es cierto que, desde 1992, el contexto tecnológico ha cambiado por completo: pantallas Retina, interfaces más complejas, presencia de gestos táctiles en otros dispositivos del ecosistema y una mayor integración con servicios en la nube. Pero, como señalan voces críticas, el problema aquí no es la tecnología, sino la coherencia conceptual entre lo que Apple defendió durante años y lo que está implementando ahora.
Para equipos de diseño y desarrollo en España, Alemania, Francia o cualquier otro país de la UE que siguen de cerca las guías de la compañía para sus propias apps, esta falta de alineación genera dudas sobre cuál es realmente el modelo a seguir. ¿Hay que atenerse a las recomendaciones históricas o adaptarse a lo que Apple hace hoy, aunque parezca ir en sentido contrario?
Alternativas propuestas: menos iconos y mejor uso del color
En su análisis, Prokopov no se limita a criticar; también propone una serie de mejoras concretas. La primera es obvia: reducir drásticamente el número de iconos en los menús de macOS Tahoe, volviendo a un enfoque más selectivo en el que solo las acciones más importantes o frecuentes cuenten con un símbolo propio.
La segunda línea de mejora pasa por aprovechar mejor la codificación por colores. En lugar de llenar cada línea de gráficos, se podría recurrir a sutiles toques de color para agrupar funciones relacionadas o resaltar aquellas que conviene localizar más rápido, sin necesidad de forzar una ilustración diferente para cada entrada.
Otra de las ideas que plantea es estandarizar el lenguaje visual en todo el sistema, de forma que el usuario pueda confiar en que un icono significa siempre lo mismo, use la aplicación que use. Esto incluye tanto las apps nativas de Apple como las herramientas profesionales que se emplean de forma habitual en empresas y administraciones europeas.
Su artículo, publicado en su blog personal y difundido posteriormente a través de plataformas como Daring Fireball, está acompañado de numerosos ejemplos prácticos que muestran comparativas entre el estado actual de los menús de Tahoe y posibles rediseños más contenidos. La intención no es romper con la estética actual de macOS, sino demostrar que se puede mantener una apariencia moderna sin renunciar a la claridad.
Para los usuarios que siguen con interés la evolución del sistema operativo de Apple, estos ejemplos sirven también como punto de partida para reflexionar sobre cómo les gustaría que fueran los menús y barras de herramientas en futuras versiones de macOS, sobre todo en un contexto europeo donde conviven distintos idiomas y niveles de experiencia tecnológica.
Al hilo de este debate, las reacciones en comunidades de desarrolladores de la UE y España son variadas: hay quienes piden a Apple un giro claro hacia la simplificación, y otros que ven en esta saturación de iconos una oportunidad para que la compañía ajuste su diseño tras escuchar el feedback de quienes trabajan con el sistema a diario.
Todo este revuelo alrededor de los iconos de macOS Tahoe, más allá de las bromas y los calificativos duros que han circulado por redes, pone el foco en un tema de fondo: cómo equilibra Apple la estética, la tradición de sus propias guías y la usabilidad real que perciben quienes utilizan el sistema en su día a día. La discusión abierta por Nikita Prokopov, con ejemplos concretos de menús sobrecargados, iconos contradictorios y posibles alternativas, ha encendido un debate que probablemente seguirá vivo en la comunidad Mac europea mientras no haya una respuesta clara por parte de la compañía sobre hacia dónde quiere llevar el lenguaje visual de macOS.