
OpenAI se prepara para dar un salto delicado pero estratégico: pasar de ser un proveedor de software de IA a competir en el mercado de los smartphones. Según varios informes del analista Ming-Chi Kuo, la compañía de Sam Altman está ya en marcha con un teléfono propio que, sobre el papel, apunta directamente al territorio del iPhone y a la hegemonía de iOS y Android.
Lo llamativo no es solo que OpenAI quiera lanzar un móvil más, sino que el proyecto está concebido desde su base para que la inteligencia artificial agéntica sea el eje del dispositivo y no un simple añadido. La apuesta pasa por cuestionar el modelo clásico de apps y proponer un teléfono que funcione alrededor de tareas, contexto y agentes que actúan por el usuario.
Un smartphone diseñado para agentes de IA, no para iconos de apps
Según la información recopilada por Kuo, OpenAI está definiendo un móvil en el que la interacción principal no será abrir aplicaciones, sino pedir cosas. El usuario formularía objetivos o necesidades en lenguaje natural y los agentes de IA se encargarían de descomponer esas peticiones y ejecutar acciones usando distintos servicios en segundo plano.
En un escenario típico, en lugar de ir saltando entre la app del calendario, el correo y una herramienta de videollamadas, bastaría con decirle al teléfono que organice una reunión. El sistema buscaría huecos en la agenda, propondría una hora, avisaría a los contactos implicados, reservaría una sala o un restaurante y generaría un resumen con los puntos a tratar.
Este enfoque obliga a que el terminal tenga una comprensión permanente del contexto del usuario: ubicación, actividad, comunicaciones, historial reciente y preferencias. Es justo el tipo de información que necesitan los agentes de IA para ser realmente útiles y no limitarse a responder preguntas sueltas como hace hoy la mayoría de asistentes.
De ahí que Kuo subraye que el smartphone sigue siendo, a día de hoy, el dispositivo mejor situado para la próxima generación de inteligencia artificial personal. Está siempre encima de la mesa, en el bolsillo o en la mano, con acceso a sensores, cámara, micrófonos, pagos y a prácticamente toda la vida digital del usuario.
Tras una de las publicaciones del analista, Sam Altman deslizó en X que es un buen momento para “repensar en serio cómo se diseñan los sistemas operativos y las interfaces de usuario”. No mencionó ningún producto por su nombre, pero el comentario encaja al milímetro con la idea de un móvil en el que la IA sustituye al paradigma de los iconos.

MediaTek, Qualcomm y Luxshare: la alianza industrial detrás del proyecto
Para dar forma a este dispositivo, OpenAI no se limita a comprar componentes estándar. Kuo asegura que MediaTek y Qualcomm están trabajando junto a la compañía en un procesador específico para este smartphone, pensado desde el principio para soportar agentes de IA siempre activos.
Queda por ver si se trata de un SoC completamente nuevo o de una adaptación profunda de plataformas ya existentes, pero la idea es clara: combinar potencia de cálculo local suficiente para entender el contexto del usuario con un fuerte apoyo en la nube para las tareas más pesadas. Es el mismo equilibrio que ya se ve en los móviles de gama alta, pero llevado un paso más allá y con la IA en el centro del diseño.
Uno de los puntos clave será el consumo energético. El chip deberá ser capaz de procesar de forma continua señales del entorno, lenguaje y actividad sin fundir la batería a mitad de día. Por eso, el diseño del procesador priorizaría la gestión de memoria, la eficiencia en modelos pequeños y la capacidad de activar solo los bloques necesarios en función del contexto.
En el terreno del ensamblaje, el socio elegido sería Luxshare Precision. Según Kuo, Luxshare se convertiría en el fabricante y codiseñador exclusivo del teléfono, un contrato de alto perfil para una compañía que lleva años ganando peso en la cadena de suministro de Apple con productos como el iPhone y los AirPods.
La producción masiva, siempre según las filtraciones, no arrancaría antes de 2028. Las especificaciones finales de hardware, los detalles del chip y la lista completa de proveedores se cerrarían entre finales de 2026 y el primer trimestre de 2027. Es un calendario largo, propio de un proyecto complejo y de gran volumen.

Un giro estratégico: del altavoz inteligente al móvil que compite con el iPhone
Lo que plantea este smartphone supone un cambio de rumbo importante respecto a los primeros planes de hardware de OpenAI. La empresa había marcado inicialmente el camino hacia un altavoz doméstico con cámara frontal, unas gafas con IA integrada, una lámpara conectada y varios accesorios como auriculares.
Estos productos nacen de la adquisición de io Products, la startup de hardware fundada por Jony Ive, histórico jefe de diseño de Apple. La compra, valorada en torno a 6.500 millones de dólares, dio lugar a una nueva división dentro de OpenAI orientada específicamente a dispositivos físicos con inteligencia artificial.
El plan original, confirmado públicamente por directivos como Chris Lehane, pasaba por anunciar ese primer altavoz inteligente en la segunda mitad de 2026 y llevarlo a las tiendas a principios de 2027. A partir de ahí, llegarían las gafas, la lámpara y los auriculares, configurando una familia de dispositivos conectados alrededor de ChatGPT.
La información de Kuo no contradice ese calendario, pero sí suma una pieza de mucho más peso: un smartphone completo bajo marca OpenAI. Ese teléfono no sustituiría necesariamente al resto de productos, sino que ampliaría la apuesta hacia el único dispositivo que casi nadie está dispuesto a dejar en casa.
Altman llegó a sugerir en el pasado que los dispositivos en los que trabajaba con Ive serían “distintos a los smartphones”, comparando la experiencia ideal con pasar de caminar por Times Square, lleno de ruido y estímulos, a sentarse tranquilo en una cabaña frente a un lago. La filtración del móvil no invalida esa visión, pero la traslada a un formato que la mayoría de usuarios entiende y utiliza a diario.

Un modelo agéntico para desafiar el ecosistema del iPhone
Más allá del hardware, el núcleo del proyecto está en el software. OpenAI quiere que los agentes de IA sustituyan buena parte del papel actual de las aplicaciones. En lugar de abrir una app de transporte, otra de mapas y otra de mensajería, el usuario hablaría con el móvil y este coordinaría en segundo plano los servicios necesarios.
Según los bocetos que maneja Kuo, la pantalla principal del dispositivo se estructuraría alrededor de un flujo de tareas en lugar de una rejilla de iconos. El usuario vería qué encargos están en marcha, cuáles se han completado y qué queda pendiente: desde reservar un vuelo o pagar un seguro hasta preparar un resumen diario de noticias.
El sistema se organizaría en varias secciones básicas, con nombres como Home, Actions, Memory e Inbox. Cada una agruparía distintos tipos de información y permitiría a la IA recordar contexto relevante a lo largo del tiempo, algo que hoy se pierde al saltar entre aplicaciones aisladas.
Este enfoque choca de frente con el modelo de negocio de Apple y, en menor medida, de Google. Buena parte de los ingresos de Cupertino viene de la tienda de aplicaciones y los servicios asociados. Si un número significativo de usuarios dejase de interactuar con apps concretas para delegar la mayoría de acciones en agentes, el papel de la App Store se vería inevitablemente reducido.
En Europa y otros mercados con regulaciones más estrictas, este tipo de teléfono puede encajar con el clima actual, en el que los reguladores miran con lupa la posición dominante de las grandes plataformas. Un sistema operativo diseñado alrededor de agentes, si abre espacio a desarrolladores de forma transparente, podría venderse también como una alternativa menos dependiente del jardín cerrado tradicional.
Por qué OpenAI quiere controlar también el hardware
En el trasfondo de todo está una cuestión de dependencia. Hoy, ChatGPT vive dentro de iOS y Android con permisos limitados. No puede acceder libremente al micrófono en segundo plano, ni moverse por el sistema ejecutando acciones sin pasar por capas de seguridad que deciden Apple o Google.
Para un asistente que pretende actuar en tiempo real sobre la vida digital del usuario, estas restricciones son un freno importante. De ahí que el razonamiento de Kuo apunte a que OpenAI ve el control del sistema operativo y del hardware como un paso casi obligado si quiere llevar al extremo su modelo agéntico.
Además, la compañía ha visto de cerca qué ocurre cuando se depende en exceso de plataformas ajenas. Apple ha apostado por sus propios modelos y por acuerdos con Google Gemini para reforzar Siri, mientras en Android se empuja la integración de la IA de Google en el propio sistema. En ese escenario, ChatGPT corre el riesgo de quedar relegado a una opción secundaria.
Construir un móvil propio permite a OpenAI tener una vía directa hacia los usuarios sin pasar por las reglas de terceros. Eso no significa abandonar las apps actuales, pero sí crear un canal donde la experiencia pueda ser mucho más profunda, incluso aunque el volumen de ventas no se acerque al del iPhone en sus primeros años.
El movimiento también abre la puerta a nuevas fórmulas comerciales. Kuo no descarta que el smartphone se venda ligado a suscripciones de IA, integrando planes de pago de ChatGPT o servicios premium desde el primer día. El dispositivo, en ese caso, sería tanto un móvil como una llave de entrada a un ecosistema de servicios recurrentes.
Impacto en el mercado y dudas a medio plazo
Las filtraciones han tenido ya efectos visibles en los mercados financieros. Las acciones de Qualcomm han llegado a dispararse en el premercado de Nueva York tras conocerse su participación en el proyecto, mientras que Luxshare ha visto cómo su valor subía con fuerza en las bolsas asiáticas.
Apple, por su parte, ha sufrido ligeros descensos en Bolsa en sesiones posteriores a la publicación de los informes, una señal de que los inversores interpretan el eventual móvil de OpenAI como una amenaza a medio plazo, especialmente si consigue captar parte de la gama alta dominada por el iPhone.
Aun así, nadie en la industria se hace ilusiones: entrar en el mercado de los smartphones es extremadamente complicado. Microsoft, Amazon o Meta ya se han estrellado en intentos anteriores, incluso con recursos y acuerdos con operadores. La fidelidad a los ecosistemas y la complejidad de la cadena de suministro juegan en contra de nuevos actores.
El punto diferencial de OpenAI estaría en que no pretende competir solo en especificaciones técnicas, sino en cambiar el paradigma de uso. Si los agentes consiguen solucionar tareas reales mejor y más rápido que las apps tradicionales, el teléfono podría encontrar un hueco aunque sus ventas iniciales no sean masivas.
El gran interrogante es el tiempo. Con la producción masiva apuntando a 2028, la ventana de oportunidad puede estrecharse si Apple y Google aceleran sus propias propuestas de IA integrada en iOS y Android. De aquí a entonces, es probable que veamos muchos avances en asistentes contextuales en los sistemas actuales.
En cualquier caso, el proyecto deja una señal clara: la próxima gran batalla no será solo por quién tiene el mejor modelo de IA, sino por quién controla el dispositivo donde esa IA vive. Y OpenAI ha decidido que no quiere seguir jugando únicamente en casa ajena.
Con la información disponible, todo apunta a que el futuro móvil de OpenAI será un intento serio de redefinir el smartphone como un asistente con pantalla más que como una colección de aplicaciones, apoyado en un chip diseñado a medida con MediaTek y Qualcomm, ensamblado por Luxshare y con un modelo de uso centrado en agentes. Falta por ver si el mercado, acostumbrado a iconos y tiendas de apps, está dispuesto a dar ese salto y, sobre todo, si OpenAI es capaz de trasladar su ventaja en software al terreno mucho más resbaladizo del hardware de consumo.