Robo de casi 2 millones en iPhone en un almacén de FedEx en Florida desata una gran operación policial

  • Dos sospechosos se hicieron pasar por representantes logísticos para sustraer un cargamento de iPhone valorado en casi 2 millones de dólares en Doral, Florida.
  • El robo se ejecutó en un centro de FedEx usando documentos e identidades falsificadas para lograr el acceso a la zona de carga.
  • Uno de los implicados fue detenido tras rastrear el camión con tecnología como AirTags y lectores de matrículas; el otro continúa prófugo.
  • La magnitud del golpe y el posible apoyo interno han encendido las alarmas sobre la seguridad en los centros logísticos.

iPhone robado en operación policial en Florida

Un sofisticado robo de teléfonos iPhone valorados en casi dos millones de dólares en un centro de distribución de FedEx en el sur de Florida ha puesto el foco sobre la seguridad de las grandes empresas logísticas y el creciente mercado negro de dispositivos de alta gama. El caso, de película, combina identidades falsas, un engaño telefónico muy trabajado y una persecución por autopista que terminó con un arresto y un sospechoso aún en paradero desconocido.

Las autoridades de Doral detallan que el asalto tuvo lugar el pasado 17 de marzo en un almacén de FedEx situado en la zona industrial de la ciudad, desde donde los delincuentes consiguieron sacar decenas de cajas cargadas con iPhone 17 Pro Max. La investigación ha revelado un plan preparado con antelación y ejecutado con tal naturalidad que, durante un tiempo, los empleados colaboraron sin saberlo con los propios ladrones.

Cómo empezó el engaño: llamadas, identidades falsas y confianza ganada

Según la policía de Doral, el plan se puso en marcha varios días antes de que los sospechosos pisaran la nave de FedEx. Los investigadores explican que el primer paso fue contactar por teléfono con la empresa de mensajería haciéndose pasar por representantes de la compañía Unión Logistic, supuesta destinataria del cargamento de dispositivos.

En esas comunicaciones, los implicados afirmaron que la empresa no podía recibir temporalmente las encomiendas en sus instalaciones y que, por ese motivo, un trabajador acudiría personalmente al centro de FedEx para recoger la mercancía. Este mensaje, repetido y presentado con apariencia de gestión rutinaria, fue clave para que el personal no sospechara en un primer momento.

Días después, uno de los sospechosos, identificado como Robert Rashawn Soto, de 49 años, se presentó en el almacén de Doral. De acuerdo con los vídeos de seguridad y el relato de los agentes, el hombre mostró documentación e identificaciones falsificadas con las que aparentaba ser el gerente autorizado de la empresa logística.

El jefe del Departamento de Policía de Doral, Edwin López, apuntó que Soto logró “ganarse la confianza” de un empleado y obtener acceso a la zona de entrega. La naturalidad con la que se movía por el recinto y la coherencia de su historia hicieron que la maniobra pasara inicialmente desapercibida para el resto del personal.

Acceso al almacén, carga del camión y huida apresurada

Una vez dentro de la zona de carga, el plan avanzó con rapidez. Soto y su supuesto cómplice, Jeffery Lydell Moore, de 61 años, comenzaron a organizar el traslado de las cajas desde el almacén hasta un camión de alquiler de la compañía U-Haul, que ellos mismos habrían rentado para la operación.

Lejos de levantar sospechas, los propios trabajadores de FedEx colaboraron en la carga del vehículo, creyendo que estaban tramitando una recogida legítima para Unión Logistic. En cuestión de poco tiempo, se subieron al camión al menos 38 cajas repletas de teléfonos de última generación.

Las cifras proporcionadas por las autoridades son contundentes: el botín incluía cerca de 1.800 unidades de iPhone 17 Pro Max, con un valor estimado de 1.896.674 dólares. En algunas versiones de los informes iniciales se habló también de la presencia de iPad, aunque lo que sí confirman los datos finales es que el grueso del cargamento eran smartphones de alta gama.

El jefe de policía Edwin López llegó a señalar que el golpe podría haber sido todavía mayor. Según sus cálculos, los delincuentes habrían tenido acceso potencial a unas 138 cajas, lo que habría multiplicado por varias veces la cantidad robada si nadie hubiera detectado el engaño a tiempo.

El punto de inflexión se produjo cuando el verdadero responsable de la empresa logística propietaria del envío apareció en el centro de FedEx. Al comprobar que no había recibido las notificaciones habituales de entrega, sospechó que algo no encajaba y, al llegar al almacén, ordenó detener la operación al detectar irregularidades en la recogida.

Aunque se intentó frenar la salida del vehículo, los sospechosos ya tenían las cajas dentro del camión y huyeron del lugar antes de que el personal pudiera bloquear su marcha. A partir de ese momento, el fraude quedó al descubierto y se activó de inmediato el dispositivo policial.

Tecnología al servicio de la policía: rastreo del camión y arresto

Tras la fuga, la investigación se centró en localizar cuanto antes el camión de alquiler cargado con los dispositivos. La policía de Doral y otras agencias detallan que la clave estuvo en el uso combinado de tecnología de rastreo y sistemas de lectura de matrículas desplegados en varias carreteras de Florida.

En el interior de parte de la mercancía se habían colocado dispositivos de localización similares a los AirTag, que permitieron seguir el movimiento de las cajas a distancia. Paralelamente, los lectores automáticos de matrículas ubicados en la red viaria proporcionaron información sobre el recorrido del camión U-Haul a lo largo de la Interestatal 75.

Gracias a este seguimiento casi en tiempo real, el vehículo fue interceptado en el condado de Alachua, cerca de Gainesville. En la operación participó un agente de la Patrulla de Carreteras de Florida, que detuvo al conductor cuando intentaba continuar la huida hacia el norte del estado.

El hombre al volante fue identificado como Jeffery Lydell Moore, de 61 años y residente en Seneca, Carolina del Sur. En el interior del camión, los agentes recuperaron las 38 cajas robadas, lo que permitió asegurar la totalidad del cargamento de iPhone antes de que llegara al mercado negro.

Las autoridades locales han subrayado que el arresto se produjo en un plazo muy breve desde la denuncia del robo, algo que atribuyen precisamente al uso de herramientas tecnológicas avanzadas para el rastreo de mercancías y vehículos. Los distintos cuerpos policiales implicados han reivindicado el caso como ejemplo de cooperación interinstitucional eficaz.

Situación judicial y búsqueda del segundo implicado

Tras su detención en carretera, Moore fue trasladado al condado de Miami-Dade y puesto a disposición judicial. En la vista celebrada días después, una jueza le impuso una fianza de 2,5 millones de dólares, una cantidad que refleja tanto el valor del material sustraído como la gravedad de los cargos que enfrenta.

Entre las acusaciones que pesan sobre él figuran hurto mayor, conspiración y participación en un esquema organizado para defraudar. Los investigadores no descartan la existencia de más personas implicadas y, de forma especial, continúan centrando sus esfuerzos en localizar al presunto cabecilla del engaño en el almacén de FedEx.

Ese segundo sospechoso es Robert Rashawn Soto, de 49 años, al que se atribuye el papel de falso representante de la empresa logística durante la fase de acceso al centro. A día de hoy permanece prófugo y la policía ha difundido su identidad e imagen para solicitar la colaboración ciudadana.

El jefe de la policía de Doral ha insistido en que Soto es una persona conocida en la comunidad del sur de Florida y que, por tanto, alguien podría aportar pistas para facilitar su arresto. Las autoridades piden a cualquier persona con información que contacte con los canales oficiales, subrayando que incluso datos aparentemente menores pueden resultar determinantes.

Al mismo tiempo, se investiga la posible existencia de algún tipo de apoyo interno dentro de la cadena logística, ya que el grado de conocimiento del funcionamiento del almacén y de los protocolos de entrega hace pensar a los agentes que los delincuentes podrían haber recibido información privilegiada sobre rutas, horarios o procedimientos.

Un aviso para el sector logístico y el mercado de dispositivos en Europa

Aunque el caso se ha producido en Florida, las consecuencias y las lecciones que deja tienen un alcance que va más allá de Estados Unidos. El robo masivo de iPhone de última generación evidencia hasta qué punto los centros de distribución de grandes operadores logísticos se han convertido en objetivo prioritario para redes especializadas en tecnología de alto valor.

En Europa y en España, donde la demanda de dispositivos Apple sigue siendo muy elevada y el precio de los modelos más recientes no deja de subir, incidentes como este sirven de toque de atención. Los expertos en ciberseguridad y en logística vienen alertando de que las bandas organizadas combinan técnicas clásicas —suplantación de identidad, falsificación de documentos o alquiler de vehículos de carga— con un profundo conocimiento de los sistemas de gestión de envíos.

Para el mercado europeo, un cargamento como el robado en Doral podría haberse convertido en una fuente importante de terminales que alimentaran el comercio paralelo, tanto a través de canales físicos como de plataformas en línea. De hecho, las fuerzas de seguridad en la UE han detectado en los últimos años la llegada de partidas de teléfonos robados en otros continentes que acaban revendidos como “de importación” o “remanufacturados”.

Las compañías que operan grandes almacenes y centros de clasificación en la Unión Europea ya están revisando sus sistemas de verificación de identidad y de control de acceso a zonas sensibles, precisamente para evitar que una simple llamada telefónica o un correo se conviertan en la puerta de entrada de un fraude millonario. Sistemas de doble verificación, códigos únicos por envío y validación cruzada con el destinatario real son algunas de las medidas que se están reforzando.

Este tipo de incidentes también afectan a los consumidores finales. En España, por ejemplo, las autoridades recomiendan extremar la precaución al comprar móviles de alta gama a precios sospechosamente bajos, especialmente cuando se venden sin factura oficial, sin garantía o a través de canales no verificados. No es extraño que dispositivos procedentes de robos masivos acaben ofertados en el mercado de segunda mano, lo que puede derivar en bloqueos remotos, pérdida de garantías o incluso en investigaciones penales si se demuestra que el comprador conocía el origen ilícito.

El caso de Doral se ha convertido así en un ejemplo ilustrativo de cómo una combinación de ingeniería social, documentación falsificada y conocimiento de los flujos logísticos puede poner en jaque a una gran compañía de mensajería. Al mismo tiempo, muestra el potencial de las tecnologías de rastreo y de la cooperación entre agencias para frenar la circulación de mercancía robada antes de que traspase fronteras o se pierda en la red del mercado negro.

Con un detenido, un prófugo y un cargamento millonario recuperado, el robo de casi dos millones de dólares en iPhone en Florida ha encendido las alarmas en todo el sector logístico, ha reforzado la apuesta por sistemas de seguridad y rastreo más robustos y ha recordado, también a Europa y España, que la lucha contra las redes que comercian con tecnología robada exige tanto protocolos más estrictos como una ciudadanía atenta a las señales de alerta cuando se encuentra con ofertas demasiado buenas para ser verdad.

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