Apple se prepara para mover ficha en la gama de entrada con un nuevo MacBook barato que podría presentarse la primera semana de marzo. No hay confirmación oficial todavía, pero el cúmulo de filtraciones y pistas del propio Tim Cook apuntan a que el portátil más asequible del catálogo está ya a la vuelta de la esquina.
Este modelo se situaría por debajo del MacBook Air, tanto en precio como en prestaciones, y buscaría hacerse un hueco entre estudiantes, usuarios ocasionales y entornos educativos que hasta ahora miraban casi obligatoriamente a portátiles Windows baratos o Chromebooks. Eso sí, para apretar el precio Apple recortará en varios frentes, desde la pantalla hasta la conectividad.
Un MacBook barato, pero no tanto como se pensaba
Las primeras filtraciones hablaban de un precio de partida agresivo, entre 599 y 699 dólares, una cifra que lo hubiese situado muy cerca de algunos Chromebooks de gama alta y por debajo de muchos portátiles Windows de marca tradicional. En España, eso habría podido traducirse en unos 699 euros, convirtiéndolo en el portátil Mac más barato de la historia reciente.
Sin embargo, los últimos informes procedentes de la cadena de suministro pintan un escenario menos optimista: ahora se maneja un rango de 699 a 799 dólares, e incluso se menciona una base cercana a los 749-750 dólares. Si se aplica el cambio habitual que hace Apple para Europa, el dispositivo terminaría moviéndose alrededor de los 899-999 euros.
Este aumento de precio vendría motivado, sobre todo, por el encarecimiento de componentes clave como la memoria DRAM y el almacenamiento NAND. Los proveedores hablan de subidas cercanas al 100 % en algunos chips LPDDR5X, a lo que se suman costes crecientes en materias primas como el cobalto para las baterías.
Aun así, todo apunta a que seguirá siendo el portátil más económico del catálogo de Apple. Además, en Europa y especialmente en España, los habituales descuentos para estudiantes y sector educativo podrían dejarlo en una franja algo más amable para quienes lo compren a través de programas académicos.

Chip A18 Pro en lugar de la serie M: rendimiento de móvil, uso de Mac
Una de las decisiones más llamativas de este proyecto es que Apple no utilizará un chip de la familia M, sino un procesador A18 Pro, el mismo que da vida a los iPhone 16 Pro. Es la primera vez que un chip pensado para móviles se traslada a un portátil Mac como corazón principal.
Esto ha generado dudas lógicas sobre su comportamiento con tareas de escritorio más pesadas, pero los datos preliminares de rendimiento son menos preocupantes de lo que podría parecer. En pruebas de Geekbench 6, el A18 Pro supera al M1 en mononúcleo (3409 frente a 2369 puntos) y se queda prácticamente a la par en multinúcleo (8492 frente a 8576).
Sobre el papel, eso colocaría al futuro MacBook barato al nivel del primer MacBook Air con M1 en términos de potencia bruta, un equipo que cinco años después sigue siendo más que suficiente para ofimática, navegación, multimedia e incluso algo de edición ligera de foto y vídeo.
Este chip vendría acompañado de 8 GB de memoria integrada, la misma cifra que ofrecía el MacBook Air M1 de entrada. Es un paso atrás respecto a la estrategia actual de Apple, que tiende a partir de 16 GB en muchos de sus nuevos Mac, pero encaja con el enfoque más básico del producto y ayuda a contener costes.
Diseño tipo MacBook Air y pantalla más pequeña de lo habitual
En el plano físico, las filtraciones coinciden en que este modelo apostará por un chasis de aluminio muy similar al del MacBook Air de 13 pulgadas, manteniendo un diseño delgado y ligero que ya es muy reconocible en la gama de portátiles de Apple.
La pantalla será otro de los elementos diferenciadores. Se habla de un panel LCD de menos de 13 pulgadas, en torno a las 12,9 pulgadas, lo que lo convertiría en el Mac portátil más pequeño del catálogo actual. Este recorte en tamaño, unido al uso de una tecnología de pantalla más sencilla, ayuda también a rebajar el coste final.
Eso sí, habrá contrapartidas: se espera un brillo máximo por debajo de los 500 nits, que es el estándar actual de los MacBook Air y Pro. Para la mayoría de usuarios no será un drama en interiores, pero la visibilidad en exteriores o en entornos muy iluminados podría resentirse frente a modelos más caros.
Otra renuncia importante es la ausencia de True Tone, la función que ajusta automáticamente el balance de blancos y la tonalidad de la pantalla según la luz ambiental. Quien venga de un Mac con esta tecnología notará un cambio más brusco en la percepción de color al moverse entre distintas estancias.

Colores juveniles y recortes en conectividad y extras
Para compensar estos sacrificios, Apple apostaría fuerte por el apartado estético. Diversas fuentes hablan de que incluiría amarillo, verde, azul y rosa, junto a opciones más clásicas como plata y gris oscuro. Es un guiño evidente a los antiguos iBook G3 y un mensaje claro de que el equipo mira al público juvenil y educativo.
En conectividad, la compañía también ajustará el tiro: los puertos serían USB-C estándar (USB 3.2 Gen 2), sin soporte para Thunderbolt. Para muchos usos cotidianos —carga, periféricos básicos, discos externos modestos— será suficiente, pero quien dependa de monitores de alta resolución o de unidades externas de alto rendimiento echará en falta la versatilidad de Thunderbolt.
Otro recorte llamativo es la probable ausencia del chip N1, el componente propio de Apple que lleva Wi-Fi 7, Bluetooth 6 y Thread a los iPhone 17 y otros dispositivos recientes. En su lugar, este MacBook barato montaría un chip de conectividad de MediaTek con estándares previos, suficiente para el día a día, pero algo menos preparado para futuras redes.
En el apartado de audio, las filtraciones del código del sistema apuntan a que no habrá soporte para auriculares de alta impedancia. Es decir, quienes utilicen cascos exigentes a nivel de amplificación no podrán conectarlos directamente con el mismo resultado que en un MacBook Air o Pro recientes, y tendrán que recurrir a interfaces o amplificadores externos.
Teclado sin retroiluminación y almacenamiento más modesto
El teclado también sería víctima de la tijera. Varios informes coinciden en que este MacBook económico prescindirá de la retroiluminación en las teclas, una característica que hasta ahora se daba por hecha en cualquier portátil Mac. Es un recorte poco habitual, pero coherente con la idea de recortar en todo lo que no sea estrictamente imprescindible.
En almacenamiento, la estrategia pasará por opciones más modestas. Se habla de configuraciones de 256 GB y 512 GB como opciones principales, con la posibilidad de una versión de 128 GB pensada específicamente para el sector educativo. No habría variantes de 1 TB o 2 TB, reservadas para los MacBook Air y Pro.
Además, el SSD integrado sería más lento que el de los MacBook Air actuales, probablemente porque Apple optaría por un único chip NAND en lugar de módulos en paralelo. En el uso diario, esto se notará sobre todo en tareas intensivas de copia de archivos o en flujos de trabajo pesados, menos habituales en el perfil al que se dirige este equipo.
Tampoco se espera compatibilidad con carga rápida. No se han detallado los vatios máximos, pero todo indica que se quedará por debajo de los niveles de carga que ofrecen hoy los MacBook Pro y algunos modelos de Air, alargando los tiempos para llegar al 100 % de batería.

Posicionamiento frente al MacBook Air y otros portátiles baratos
Más allá de los detalles técnicos, lo interesante de este proyecto es cómo Apple quiere recolocar su gama de portátiles. Con un MacBook barato en torno a los 899-999 euros en Europa y un MacBook Air claramente por encima, la marca construye una escalera de precios más escalonada para quien quiera entrar en macOS.
El objetivo es claro: competir de frente con los portátiles Windows y Chromebooks de gama media, muy presentes en colegios, institutos, universidades y empresas que hasta ahora descartaban los Mac por precio. Un equipo con chip A18 Pro, buena autonomía y diseño cuidado puede resultar muy atractivo para ese tipo de usuario que prioriza la experiencia general frente a la potencia bruta.
Las comparaciones internas, eso sí, serán inevitables. Muchos se preguntan si no hubiera sido más sensato mantener vivo el MacBook Air M1 a un precio rebajado, teniendo en cuenta que el rendimiento real del nuevo modelo con A18 Pro apunta a ser muy similar, con la ventaja adicional de una arquitectura ya más que probada en escritorio.
En cualquier caso, la jugada encaja con la estrategia más amplia de Apple de reforzar su gama media: un portátil de entrada, un Air como siguiente paso y, por encima, los Pro con chips M de última generación. Lo que falta por ver es cómo reaccionará el mercado europeo, donde la sensibilidad al precio es mayor y la competencia en el tramo de 600 a 1.000 euros es feroz.
Con todo lo filtrado sobre este MacBook barato de Apple —precio menos agresivo de lo previsto, uso del chip A18 Pro, pantalla más pequeña, recortes en brillo, True Tone, teclado y conectividad, pero también colores juveniles, diseño tipo Air y orientación clara a estudiantes y usos básicos—, se perfila un portátil pensado para abrir la puerta al ecosistema macOS a más gente, sacrificando lujos y algo de flexibilidad a cambio de bajar, hasta donde dejan los costes actuales, el listón de entrada al mundo Mac.