
La eterna comparación entre un PC con Windows y un Mac de Apple vuelve a la primera línea, pero esta vez apoyada en datos masivos de uso real en empresas y no solo en opiniones. Más allá de gustos personales, un nuevo informe pone el foco en un aspecto muy concreto y fácil de medir: la frecuencia con la que se bloquea cada sistema.
Según este análisis, en entornos profesionales los equipos con Windows se cuelgan alrededor de tres veces más que los Mac. Hablamos de esos momentos en los que el ordenador se queda completamente congelado, deja de responder y no queda otra que reiniciar o forzar el apagado, con la consiguiente pérdida de tiempo y, en muchos casos, de trabajo.
Un estudio corporativo que dispara la diferencia entre Windows y Mac
La comparación no se basa en encuestas ni en impresiones aisladas, sino en un informe elaborado por Omnissa, denominado State of Digital Workspace. Este estudio se apoya en datos de telemetría recogidos de millones de dispositivos corporativos a lo largo de 2025, principalmente en el entorno empresarial, donde Windows sigue siendo el estándar de facto en Europa y en buena parte del resto del mundo.
Los resultados apuntan a que los PC con el sistema de Microsoft sufren 3,1 veces más bloqueos críticos o apagados forzados que los ordenadores Mac con macOS. Aunque el informe no detalla la cifra exacta de incidentes por equipo, la diferencia relativa entre plataformas es suficientemente grande como para que las empresas europeas se lo tomen en serio a la hora de planificar sus parques informáticos.
La brecha es todavía mayor cuando se analizan los fallos relacionados con el software. De acuerdo con Omnissa, las aplicaciones se congelan 7,5 veces más en Windows que en macOS. Esos cuelgues no siempre obligan a reiniciar todo el sistema, pero interrumpen tareas, hacen perder el hilo y pueden resultar especialmente irritantes en jornadas de trabajo intensas.
Además, los llamados cierres inesperados —cuando un programa se bloquea y se cierra de golpe— también aparecen con más frecuencia en el ecosistema de Microsoft: según el estudio, estos fallos son 2,2 veces más habituales en Windows que en los Mac analizados. Todo ello dibuja un panorama en el que la plataforma de Apple sale mejor parada en términos de estabilidad pura.
Para Omnissa, estas interrupciones no son un simple fastidio técnico. La compañía calcula que, tras un fallo de este tipo, un trabajador puede tardar casi 24 minutos en recuperar por completo la concentración. En empresas con cientos o miles de empleados en España y el resto de Europa, esa pérdida de foco se traduce en un impacto directo en la productividad y, en última instancia, en costes económicos.
Por qué Windows se cuelga más que un Mac según los datos
Una parte importante de la explicación está en la propia filosofía de cada plataforma. Apple diseña y controla tanto el hardware como el sistema operativo de sus Mac, de modo que puede ajustar al milímetro la combinación de componentes, drivers y software. Esa integración reduce las posibilidades de conflictos internos, algo similar a lo que ocurre si comparamos iOS con Android en el mundo del móvil.
Windows, en cambio, está pensado para funcionar en una diversidad enorme de equipos: desde ordenadores de sobremesa de gama alta hasta portátiles básicos de oficina de decenas de fabricantes distintos. Esa amplísima compatibilidad de Windows con componentes y periféricos es una de sus grandes ventajas históricas, pero también abre la puerta a más puntos de fallo potenciales, sobre todo si se mezclan drivers desactualizados, configuraciones personalizadas y aplicaciones de todo tipo.
En los entornos profesionales europeos suele ser habitual encontrar PC con Windows configurados para tareas muy exigentes: aplicaciones corporativas internas, herramientas de diseño, software de análisis de datos, memoria RAM, múltiples monitores y sesiones abiertas durante muchas horas. Ese uso intensivo aumenta la probabilidad de que aparezcan errores, cuelgues de programas o bloqueos puntuales del sistema, especialmente cuando el hardware no está perfectamente alineado con el software.
Apple, por su parte, limita mucho más las combinaciones posibles: el usuario elige un modelo de Mac concreto y, a partir de ahí, el sistema está afinado para ese hardware. Eso no significa que macOS sea infalible —los Mac también se cuelgan y pueden dar problemas—, pero, según los datos de Omnissa, la frecuencia de estos incidentes es bastante menor que en los PC con Windows.
Conviene tener en cuenta también el contexto: muchos de los PC con Windows que aparecen en el estudio están desplegados en organizaciones donde se prioriza la compatibilidad con aplicaciones heredadas, políticas de seguridad estrictas, software de terceros y herramientas de gestión remota. Cada capa añadida puede ser una fuente extra de conflictos, algo que en entornos con Mac suele estar más acotado al ecosistema de Apple.
Impacto real de los bloqueos en empresas europeas y españolas
En la práctica, que un ordenador se bloquee 3,1 veces más a menudo no es solo una cifra llamativa en un gráfico: significa interrupciones recurrentes en el flujo de trabajo diario. En una oficina de Madrid, Barcelona o cualquier otra ciudad europea, un cuelgue inesperado a mitad de una videollamada, de un informe o de una presentación puede obligar a repetir tareas, perder información no guardada y rehacer parte del trabajo.
Si se suman esos incidentes a lo largo del año, el impacto es notable. Omnissa subraya que incluso pequeñas pausas forzadas rompen el ritmo mental de los empleados. Si cada bloqueo supone casi media hora en recuperar la máxima concentración, en organizaciones grandes la suma puede alcanzar fácilmente varias jornadas laborales perdidas al año, solo por fallos técnicos.
Este tipo de conclusiones está llevando a muchas empresas europeas a replantearse su estrategia de dispositivos. Aunque Windows sigue siendo mayoría por su mayor compatibilidad con software corporativo, cada vez son más las organizaciones que se plantean introducir Mac en determinados departamentos donde la estabilidad y la continuidad del trabajo son críticas, o donde el coste de una interrupción es especialmente alto.
Con todo, el propio estudio señala que los datos proceden de entornos empresariales, donde las condiciones de uso son muy concretas: equipos conectados a redes corporativas, herramientas de seguridad avanzadas, políticas de actualización centralizadas y perfiles de usuario muy definidos. Es razonable pensar que, en el ámbito doméstico en España, las tendencias generales de estabilidad puedan ser similares, pero con menos presión sobre productividad y plazos.
Al margen de los porcentajes, la percepción del usuario también pesa. Quien haya sufrido varios ‘pantallazos’, cuelgues o aplicaciones congeladas en poco tiempo con su PC puede acabar cuestionándose si no le compensaría cambiar de plataforma, mientras que otros valoran más la flexibilidad de Windows y asumen de buen grado algún fallo ocasional.
Longevidad del hardware: los Mac aguantan más años en servicio
El informe de Omnissa no se limita a contar bloqueos y cuelgues: también analiza cuánto tiempo permanecen en uso los equipos en el entorno corporativo. En este terreno, los Mac vuelven a situarse por delante de los PC con Windows en términos de años de servicio efectivo.
Según los datos recogidos, el 11,5% de los Mac siguen en uso después de más de seis años en empresas, mientras que en el caso de los dispositivos con Windows esa proporción cae hasta el 2%. Es decir, dentro del parque corporativo analizado, hay una clara diferencia en la capacidad de cada plataforma para mantenerse operativa durante más tiempo.
Paradójicamente, el estudio también muestra que el 90% de los equipos Windows tienen menos de tres años. Esto sugiere que, en muchas organizaciones, los PC con el sistema de Microsoft se renuevan de manera más frecuente, ya sea por requisitos de rendimiento, políticas de actualización o por la necesidad de garantizar cierta estabilidad que, según los datos, no siempre se consigue.
En contraste, la presencia de equipos Mac con más de seis años en empresas indica que, en un porcentaje relevante de casos, estos ordenadores siguen siendo considerados válidos para el trabajo diario. Esto puede deberse tanto a la durabilidad del hardware como al soporte de macOS a lo largo del tiempo, algo que, en entornos donde se valora la amortización de la inversión, tiene bastante peso.
Para un responsable de IT en una compañía española o europea, estos números plantean un dilema interesante: invertir en un parque de PC con renovaciones más frecuentes, pero con mayor compatibilidad histórica, o apostar por equipos Mac que, de media, parecen mantenerse útiles durante más años, aunque con un coste inicial habitualmente más elevado y un ecosistema de software diferente.
En cualquier caso, las cifras de cuota de mercado siguen poniendo a Windows muy por delante. El propio informe sitúa al sistema de Microsoft en torno al 73% de participación en escritorio, frente a aproximadamente un 15% de macOS. Esa diferencia hace que cualquier problema que afecte a Windows tenga una repercusión mucho más amplia en el tejido empresarial y en los trabajadores que dependen de él a diario.
Qué significa todo esto para quienes tienen que elegir entre Windows y Mac
Más allá de la batalla de cifras, el estudio de Omnissa no prescribe que todo el mundo deba abandonar Windows y pasarse a Mac. Lo que aporta es un marco cuantitativo para entender por qué muchos usuarios perciben a los Mac como más estables, y por qué en los PC con Windows son más habituales los reinicios forzados, los cuelgues puntuales o las aplicaciones que dejan de responder.
Para quienes ya trabajan con Windows en España o en otros países europeos, estos datos no implican necesariamente que deban cambiar de sistema de inmediato. Si la combinación actual de hardware, software y soporte funciona razonablemente bien, no hay una obligación técnica de migrar. Sin embargo, el informe puede servir de argumento para revisar políticas de mantenimiento, actualizar drivers, reducir la cantidad de aplicaciones instaladas o simplificar configuraciones que, en la práctica, incrementan la probabilidad de fallo.
En el caso de empresas que están renovando su parque informático o planteándose un entorno mixto, Omnissa apunta a que los Mac pueden resultar interesantes allí donde se prioriza la estabilidad, la menor frecuencia de incidencias y una vida útil más prolongada del dispositivo. Por el contrario, Windows seguirá siendo la opción natural cuando la prioridad sea la compatibilidad con aplicaciones específicas, sobre todo aquellas desarrolladas a medida para cada organización.
También influye el perfil del usuario. Hay quien prefiere tener más libertad para instalar programas, modificar componentes y adaptar el equipo a su gusto, aunque eso suponga vivir con algún cuelgue de vez en cuando. Otros valoran más que el ordenador se encienda, funcione y no dé demasiados sobresaltos, y pueden encontrar en el ecosistema Mac una experiencia más cercana a lo que buscan.
Al final, la foto que deja el informe es bastante clara: en los entornos corporativos analizados, los ordenadores con Windows se bloquean aproximadamente tres veces más que los Mac, las aplicaciones fallan con mayor frecuencia y los equipos se renuevan antes. Frente a ellos, los Mac muestran menos incidentes, una vida útil más larga dentro de las empresas y una integración más ajustada entre hardware y software. Cada organización y cada usuario deberá valorar qué pesa más en su caso concreto: si la flexibilidad y compatibilidad de Windows o la estabilidad y longevidad que, según estos datos, parecen asociarse con la plataforma de Apple.

